Prosa Poética:
El Viento Mensajero
El aire de esta tarde tiene una textura especial, Dora Luz. No es el aire de siempre; es un aire cómplice que se enreda en los visillos y aprende la forma de tu nombre para mecerlo. En cada susurro de las hojas de los árboles va un secreto a medias, y en cada rayo de sol que se cuela por la ventana, un destello de tus ojos. El mundo, de repente, se vuelve un sobre de papel celeste, y yo, sin remitente fijo, solo acierto a llenarlo de caricias imaginarias. Porque la distancia se acorta cuando el pensamiento vuela, y ahora mismo, con la brisa que va hacia ti, te mando besos, Dora Luz.
Soneto:
Geometría de un Suspiro
Si trazara en el mapa la distancia
que separa mi pecho de tu oído,
usaría el compás de un solo latido
para vencer la física arrogancia.
Y si el viento, cargado de fragancia,
se llevara el suspiro desprendido,
buscaría en su ruta el más fino sentido
hasta dar con tu nombre en la distancia.
Mas no hay mapa ni viento que gobierne
el impulso que al alma se le escapa,
este anhelo que en verso se eterniza.
Porque el amor, Dora Luz, siempre discierne
el camino más corto en su geografía,
y en cada letra, un beso te eterniza.
Romance:
Carta sin Sello
—Dime, paloma, ¿a dónde vas
con esas alas tan prestas?
—Voy en busca de unos ojos
que tienen luz de luceros,
a dejar en su ventana
un mensaje sin alero.
—¿Y qué llevas en el pico,
avecilla mensajera?
—Llevo un puñado de aires,
suspiros y devaneos,
el calor de una mirada
que no conoce sosiego.
—Dile entonces a esa dama,
Dora Luz, la de los sueños,
que la noche está callada
y el corazón en desvelo.
Y que en cada aleteo,
en cada pluma que suelto,
tan solo voy repitiendo:
¡te mando besos, te mando besos!
Décimas:
Pétalos de Tinta
I
Escribo en la madrugada,
cuando el silencio es testigo,
versos que llevan conmigo
tu imagen siempre adorada.
No hay una estrella apagada
que no piense en tu mirar,
ni un solo rayo lunar
que no persiga tu huella,
pues hasta el aire se estrella
con ganas de suspirar.
II
Décimas van, décimas vienen,
como olas sobre la arena,
cada una se vuelve plena
si de tu nombre se avienen.
Las rimas un nudo tienen
que solo tú puedes ver,
un enredo de querer
que se enrosca en la distancia,
y es pura fiel relevancia
de un beso que ha de llover
Oda a la Luz que te Habita
¡Oh, Dora Luz!
Permite que me detenga
en la arquitectura de tu nombre,
porque en sus dos sílabas breves
caben todas las primaveras.
Dora, como un eco de tierra firme,
y Luz, como la claridad que lo inunda todo.
A ti, que tienes el don de encender
las tardes grises con solo un recuerdo,
a ti van dirigidas estas palabras
que se arrodillan en el papel
para ofrecerte un ramo de vocales.
No hay himno más grande
que el que nace de la sencillez de sentirte,
no hay monumento más alto
que el que construye el cariño en la memoria.
Por eso, Dora Luz,
yo te canto a ti,
a tu nombre que es faro y es cobijo,
a tu esencia que es brisa y es cobija.
Y como el poeta que al final de su ruego
encuentra la paz en la ofrenda,
así yo termino este viaje de versos
con la certeza de que el aire,
si es bueno,
seguirá llevando, incansable,
el susurro más dulce que hoy puedo nombrar:
que te mando besos, Dora Luz.
Que siempre te mando besos.
Autor: Augusto Cuerva Candela
País: España, Madrid
Todos los derechos reservados en Safe Creative
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Autor:
Augusto Cuerva (
Online) - Publicado: 27 de marzo de 2026 a las 07:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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