Augusto Cuerva

El viento mensajero

Prosa Poética:

El Viento Mensajero

 

El aire de esta tarde tiene una textura especial, Dora Luz. No es el aire de siempre; es un aire cómplice que se enreda en los visillos y aprende la forma de tu nombre para mecerlo. En cada susurro de las hojas de los árboles va un secreto a medias, y en cada rayo de sol que se cuela por la ventana, un destello de tus ojos. El mundo, de repente, se vuelve un sobre de papel celeste, y yo, sin remitente fijo, solo acierto a llenarlo de caricias imaginarias. Porque la distancia se acorta cuando el pensamiento vuela, y ahora mismo, con la brisa que va hacia ti, te mando besos, Dora Luz.

 

Soneto:

Geometría de un Suspiro

 

Si trazara en el mapa la distancia

que separa mi pecho de tu oído,

usaría el compás de un solo latido

para vencer la física arrogancia.

 

Y si el viento, cargado de fragancia,

se llevara el suspiro desprendido,

buscaría en su ruta el más fino sentido

hasta dar con tu nombre en la distancia.

 

Mas no hay mapa ni viento que gobierne

el impulso que al alma se le escapa,

este anhelo que en verso se eterniza.

 

Porque el amor, Dora Luz, siempre discierne

el camino más corto en su geografía,

y en cada letra, un beso te eterniza.

 

Romance:

Carta sin Sello

 

—Dime, paloma, ¿a dónde vas

con esas alas tan prestas?

—Voy en busca de unos ojos

que tienen luz de luceros,

a dejar en su ventana

un mensaje sin alero.

—¿Y qué llevas en el pico,

avecilla mensajera?

—Llevo un puñado de aires,

suspiros y devaneos,

el calor de una mirada

que no conoce sosiego.

—Dile entonces a esa dama,

Dora Luz, la de los sueños,

que la noche está callada

y el corazón en desvelo.

Y que en cada aleteo,

en cada pluma que suelto,

tan solo voy repitiendo:

¡te mando besos, te mando besos!

 

Décimas:

Pétalos de Tinta

 

I

Escribo en la madrugada,

cuando el silencio es testigo,

versos que llevan conmigo

tu imagen siempre adorada.

No hay una estrella apagada

que no piense en tu mirar,

ni un solo rayo lunar

que no persiga tu huella,

pues hasta el aire se estrella

con ganas de suspirar.

 

II

Décimas van, décimas vienen,

como olas sobre la arena,

cada una se vuelve plena

si de tu nombre se avienen.

Las rimas un nudo tienen

que solo tú puedes ver,

un enredo de querer

que se enrosca en la distancia,

y es pura fiel relevancia

de un beso que ha de llover

 

Oda a la Luz que te Habita

 

¡Oh, Dora Luz!

Permite que me detenga

en la arquitectura de tu nombre,

porque en sus dos sílabas breves

caben todas las primaveras.

Dora, como un eco de tierra firme,

y Luz, como la claridad que lo inunda todo.

 

A ti, que tienes el don de encender

las tardes grises con solo un recuerdo,

a ti van dirigidas estas palabras

que se arrodillan en el papel

para ofrecerte un ramo de vocales.

 

No hay himno más grande

que el que nace de la sencillez de sentirte,

no hay monumento más alto

que el que construye el cariño en la memoria.

Por eso, Dora Luz,

yo te canto a ti,

a tu nombre que es faro y es cobijo,

a tu esencia que es brisa y es cobija.

 

Y como el poeta que al final de su ruego

encuentra la paz en la ofrenda,

así yo termino este viaje de versos

con la certeza de que el aire,

si es bueno,

seguirá llevando, incansable,

el susurro más dulce que hoy puedo nombrar:

que te mando besos, Dora Luz.

Que siempre te mando besos.

 

Autor: Augusto Cuerva Candela 

País: España, Madrid 

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