Soñé un hogar de maravillas,
un castillo erguido en tu promesa,
donde mi nombre sería corona,
y mi alma, tu reina eterna.
Mas tus palabras fueron espejos rotos,
fragmentos que el viento dispersó,
y hoy descubro, entre ruinas y cenizas,
que jamás me amaste.
Es cierto: contigo recorrí
paisajes bordados de belleza,
y puedo afirmar, con la herida abierta,
que yo sí te amé.
Pero mi entrega no bastó,
pues un día, con voz de hierro,
me dijiste que había alguien más,
y que yo no valía nada.
Te lloré como se llora a un dios ausente,
hasta que mis lágrimas se volvieron piedra,
y comprendí que el amor
no es un cristal puro,
sino un laberinto de sombras,
difícil de descifrar.
Y en ese laberinto aprendí:
el amor no se mide en promesas,
sino en la verdad que permanece
cuando todo lo demás se desvanece.
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Autor:
CRICEL (
Online) - Publicado: 27 de marzo de 2026 a las 04:32
- Categoría: Amor
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