CRICEL

Castillo de sombras  

 

Soñé un hogar de maravillas,  

un castillo erguido en tu promesa,  

donde mi nombre sería corona,  

y mi alma, tu reina eterna.  

 

Mas tus palabras fueron espejos rotos,  

fragmentos que el viento dispersó,  

y hoy descubro, entre ruinas y cenizas,  

que jamás me amaste.  

 

Es cierto: contigo recorrí  

paisajes bordados de belleza,  

y puedo afirmar, con la herida abierta,  

que yo sí te amé.  

 

Pero mi entrega no bastó,  

pues un día, con voz de hierro,  

me dijiste que había alguien más,  

y que yo no valía nada.  

 

Te lloré como se llora a un dios ausente,  

hasta que mis lágrimas se volvieron piedra,  

y comprendí que el amor  

no es un cristal puro,  

sino un laberinto de sombras,  

difícil de descifrar.  

 

Y en ese laberinto aprendí:  

el amor no se mide en promesas,  

sino en la verdad que permanece  

cuando todo lo demás se desvanece.