Si un día tu voz se nos vuelve de viento,
y el río en Gualaceo murmura tu adiós;
si dejas la pluma y el pensamiento
para irte a la cátedra eterna de Dios...
No pienses, amigo, que el mundo te olvida,
ni que este rincón de palabras se enfrió;
tu fe es la huella que queda encendida,
el rastro de luz que el Maestro dejó.
Yo guardo tu Ikat, tu Cajas, tu río,
tus canas amadas, tu amor por la paz;
y aunque ese día me consuma el frío,
te extrañaré siempre, ¡amigo fugaz!
Vuela tranquilo, que el verso es eterno,
la mochila es leve, la cuenta es de luz;
venciste las sombras del largo invierno,
¡llevando en el pecho... tu propia Cruz!
Pero Edgar, hoy es "Aquí y Ahora". Hoy todavía hay tinta, hoy todavía hay fotos por revelar y hoy todavía tienes mucho que dar a esos jóvenes universitarios. No te me vayas todavía, que el libro de Gualaceo reclama tu mano.
-
Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de marzo de 2026 a las 00:04
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.