Lloraba en días de ceniza,
cuando tu sombra se alejaba
como un río que nunca regresa.
Extendía mis brazos al vacío,
pidiendo un abrazo,
y sólo escuchaba
el eco de tu sentencia:
“todos los días son iguales”.
Entonces el cielo se volvía de cristal,
y cada grieta en su superficie
era un espejo de mi llanto.
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Autor:
CRICEL (
Online) - Publicado: 26 de marzo de 2026 a las 22:41
- Categoría:
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz

Online)
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