CRICEL

Llorando

Lloraba en días de ceniza,  

cuando tu sombra se alejaba  

como un río que nunca regresa.  

 

Extendía mis brazos al vacío,  

pidiendo un abrazo,  

y sólo escuchaba  

el eco de tu sentencia:  

“todos los días son iguales”.  

 

Entonces el cielo se volvía de cristal,  

y cada grieta en su superficie  

era un espejo de mi llanto.