EL LIBRO QUE ME ENCONTRÓ

José Antonio Artés

Un día cualquiera,
a una hora cualquiera,
cuando el tiempo cumplía
su rutina silenciosa,

estaba sentado en la mesa
de aquella biblioteca
que conocía de memoria,
como se conoce un refugio.

Entonces ocurrió.

No fue un ruido.
Ni un movimiento.

Fue la luz.

Un rayo silencioso
se apoyó sobre la madera.

Y lo vi.

Un libro
me hablaba
con un lenguaje luminoso,
con esa discreción
con la que a veces la vida
decide llamarnos.

Alcé la mirada.

Allí estaba.

Sin ojos.
Sin palabras.

Pero con la certeza
de lo que ha sido esperado.

Me acerqué lentamente.

Mi mano
fue hacia él.

Lo observé.

No había título.
Ni autor.
Ni huellas.

Solo una cubierta sobria
y un silencio que habla.

Lo abrí.

Las páginas
estaban en blanco.

Y, sin embargo,
no estaban vacías.

Esperaban.

El libro parecía vivo.
Una materia silenciosa
respiraba
en el papel.

Esperaba
una pregunta,
una duda,
un gesto.

Y entonces,
sin moverme,
sentí que algo
se escribía lentamente.

Como si la tinta
naciera desde dentro.
Como si el tiempo
decidiera explicarse.

Y así,
me respondió:

yo soy tú

 

José Antonio Artés

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Comentarios +

Comentarios1

  • Nkonek Almanorri

    Quizás un día aparecerán esos libros que nos inviten - y cuasi nos exijan - a no seguir leyendo de los errores que nunca debimos aceptar
    Muy aceptable lo que nos has dejado, gracias.

    • José Antonio Artés

      Muchas gracias por tus palabras.
      Me gusta esa idea que propones: libros que no solo se lean, sino que nos inviten —o incluso nos exijan— a mirar de otro modo nuestra propia historia, a no seguir habitando los errores que un día aceptamos sin darnos cuenta.

      Quizá, en el fondo, todos esos libros ya existen, pero aparecen cuando estamos preparados para reconocerlos. A veces llegan en forma de palabras, otras como silencios, y otras, simplemente, como una intuición que nos empuja a empezar de nuevo.

      Si mi poema ha sugerido esa reflexión, entonces ya ha cumplido su propósito.

      Gracias de corazón por tu lectura y tu sensibilidad.

      • Nkonek Almanorri

        Todos esos libros ya están ahí escondidos y a la vez a la vista para quienes quieran encontrarlos; sólo hace falta interés por leer diferente.
        Gracias.



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