Desahuciado en la lumbre
en una lúgubre llama, arde el hombre.
Consumido por su lucha,
su alimento: el desecho de otro,
al que la historia lo benefició.
¡Arde el hombre, arde como nunca!
Arde, y nadie lo mira.
Comunicado con un Dios
que no se digna a fijarse.
Permanece inmóvil. Sordo.
Es erróneo suponer
cuando se encierra en la bruma.
Es mal visto entregarse
cuando no hay opción coherente.
Ha sido consumido por las horas.
Sus hijos ya no recuerdan su voz,
ni a sí mismo,
ni Dios.
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Autor:
Vega (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de marzo de 2026 a las 03:23
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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