No me gusta.
Idem escribir con poca luz,
los ojos son oro en paño,
la vista no es un manantial
inagotable —no deberíalo ser—,
y es que sin ver no existe nada,
no hay prueba palpable
de que algo rinde, fluye, es,
si no eres su notario firmante.
No me gusta, y he tenido —
precisamente por ese no gusto—
que encender la luz cenital
de mi habitación habida cuenta
de que la que entraba al través
de la ventana no conjuraba, no
contrarrestraba el brillo que hacia
los ojos proyectaba la pantalla,
y eso que —tal y como mi padre
me enseño— tiendo a aprovechar
los recursos que generosamente
nos ofrece la naturaleza en vez de
gastar, echar mano a un bolsillo
que de pequeño albergaba de facto
un león dentro, un sampedro rabioso.
No me gusta, y era tal el no gust0
que tenía al iniciar este fiasco, este
desaguisado que tuve que levantarme
de la silla eléctrica en la que ya estaba
acomodado para accionar el interruptor,
poner en marcha el cuentavatios
de una estación eléctrica próxima y, al
unísono, insistir en el adelgazamiento
diétetico a que estaba sometiendo, tiempo
ha, a ese bolsillo, ese estrecho, ese delgado
bolsillo que, añorante de su infancia, sigue
conservando, aunque fuese en efigie, ese
león que mi padre, solícito pater familias,
obrero, afanoso y hacendoso, me instaló
siendo muy niño, en la bocana lateral
del pantalón bombacho color marrón,
repetitivo, constante, testigo de andanzas
colegiales como de fiestas de guardar
y celebraciones litúrgicas de todo pelaje.
Sí, lo sigo pensando, lo sostengo...
No me gusta.
-
Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 24 de marzo de 2026 a las 15:55
- Comentario del autor sobre el poema: Es puramente biográfico, aunque esperpéntico, caricaturesco, como si me posara delante de los espejos cóncavos del Callejón del Gato.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1

Online)
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