Hoy quisiera aprender
a dejar de buscarte
en el café de las mañanas...
(con mi pulso detenido)
mientras abro ese buzón por ver...
si quizás hoy...
has pasado por delante de mi puerta
y tengo carta para mí.
Porque dentro de mi ser
aún habita esa parte de ti...
una luz que insiste en quedarse
como si llevase el mismo sol
tatuado en el envés de mis párpados,
y un incendio ciego
- que se resiste a ser olvido -
siguiera bailando en mi sombra
como el eco de esa luz...
que ya no me pertenece.
Es el castigo merecido
por haber mirado de frente
al fuego azul de tus palabras...
y ahora el silencio
es un ancla que me arrastra
a ese lugar…
donde hasta el aire te nombra.
Te has convertido
en la dueña de este invierno
que me envuelve,
un "Mr. Blue" que danza en mis silencios;
mientras busco en tu destello...
la melodía de un azul infinito
que ya no puedo tocar.
¡Ay amor!...
que mi noche ya no es negra,
sino violeta y herida...
y hay fantasmas
que ocupan ahora
el lugar donde estaban las sombras
que antes nublaban mi vida.
Así te quedas en mí, amor,
cuando siento que te marchas:
como un destello escondido
al final de mi retina,
esa presencia en mi recuerdo
que solo vuelve a brillar cuando,
al volverte a pensar...
cierro los ojos.
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Autor:
Slocker (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de marzo de 2026 a las 09:05
- Comentario del autor sobre el poema: Hay veces en las que cuando alguien se lleva su luz, deja un incendio dentro....
- Categoría: Carta
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Antonio Pais, JuanDumBass, El Hombre de la Rosa, Salvador Santoyo Sánchez, Sergio Alejandro Cortéz, Emilia🦋, Mauro Enrique Lopez Z., El desalmado, alicia perez hernandez, 🍷✨️ MariPD, Mª Pilar Luna Calvo, Pedro Novoa Pavon Novoa

Offline)
Comentarios3
Amigo Juan.
Este poema se sostiene en una nostalgia luminosa, casi táctil. La ausencia no aparece como vacío, sino como una presencia invertida: una luz que persiste en la retina incluso después de cerrarse los ojos. Trabajas muy bien esa tensión entre lo que ya no está y lo que insiste en quedarse, convirtiendo la memoria en un territorio donde el color —el azul, el violeta— se vuelve emoción encarnada.
La imagen del “fuego azul de tus palabras” es especialmente poderosa: sugiere una pasión que no quema hacia afuera, sino hacia adentro, dejando un resplandor que se vuelve castigo y refugio a la vez. También destaca la manera en que el poema convierte gestos cotidianos —abrir el buzón, tomar café— en rituales de espera, como si el mundo entero se hubiera teñido del eco de una despedida.
El cierre es delicado y certero: esa idea de que la figura amada solo vuelve a brillar cuando se la piensa, cuando se cierran los ojos, convierte la memoria en un acto voluntario y doloroso, pero también íntimo y casi sagrado. Es un poema que no busca olvidar: busca comprender cómo se habita una ausencia que todavía tiene luz.
Gracias por compartir.
Saludos cordiales,
Poetas somos…
Querida amiga Lourdes,
Muchísimas gracias a ti, por pasarte por aquí y sobre todo por dejar tu maravilloso y generoso análisis, hoy quería expresar en códigos de colores algunos sentimientos a raíz de la canción que escuchaba en ese momento.. \"Mr. Blue\"...
Recibe un abrazo, con cariño, de mi parte.
Juan
Tu estrofa versada se mece en la magna gloria de la poesia estimado Juan
Saludos españoles de Críspulo
El Hombre de la Rosa
Muchísimas gracias amigo Críspulo
Un saludo
Juan
Estimado Juan,
gracias por compartir tus versos.
Poetas somos...
Estimada Lourdes,
Gracias a ti no solo aprendo cada día con tus poemas, también con tus comentarios.
Gracias por todo
Juan
Poetas somos...
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