En una mañana silenciosa y fría,
cuando mi cuerpo tiritaba,
tomé mi guitarra en las manos,
dejando que sus cuerdas
hablaran por mí.
Sus notas sonoras
resonaban en aquella playa,
que al son de las olas
y al ritmo del viento
daban alegría
a mi corazón sediento.
Las palmeras danzaban,
los delfines bailaban,
y las gaviotas enamoradas
besaban el cielo
con su vuelo libre.
La noche, celosa,
abrazó mi cuerpo,
y las estrellas, coquetas,
daban vida al firmamento.
Y así, entre acordes y suspiros,
mi alma encontró su voz,
porque en cada nota dejaba
un pedazo de mi dolor.
Hasta que el mar, en su calma,
me susurró al oído:
que quien canta lo que siente
nunca está perdido.
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Autor:
johan esteban restrepo uran (
Offline) - Publicado: 22 de marzo de 2026 a las 20:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 40
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, Eduardo Rolon, frescodelrocio, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Sergio Alejandro Cortéz, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios2
HERMOSO
Tu estrofa versada se mece en la magna gloria de la poesia estimado Johan
Saludos españoles de Críspulo
El Hombre de la Rosa
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