johan esteban restrepo uran

MELODIA EN LA ORILLA

 

En una mañana silenciosa y fría,

cuando mi cuerpo tiritaba,

tomé mi guitarra en las manos,

dejando que sus cuerdas

hablaran por mí.

 

Sus notas sonoras

resonaban en aquella playa,

que al son de las olas

y al ritmo del viento

daban alegría

a mi corazón sediento.

 

Las palmeras danzaban,

los delfines bailaban,

y las gaviotas enamoradas

besaban el cielo

con su vuelo libre.

La noche, celosa,

abrazó mi cuerpo,

y las estrellas, coquetas,

daban vida al firmamento.

 

Y así, entre acordes y suspiros,

mi alma encontró su voz,

porque en cada nota dejaba

un pedazo de mi dolor.

 

Hasta que el mar, en su calma,

me susurró al oído:

que quien canta lo que siente

nunca está perdido.