No cerraba el alcohol
a mis heridas.
Supuraban soledad y tristeza
bajo una piel muerta,
que tapaba por pudor sus bocas abiertas.
No se llenaba el pozo
de la dependencia,
la sinrazón navegaba
los ríos de mi sangre etílica.
Los sentidos no eran míos.
Sin saber quién lo mandaba,
cuantas veces lo pedían
copas de muerte les daba.
Vivía en una salmuera líquida
que sangraba las paredes de mi alma,
que regaba el secano de mi vida.
Hasta que un día me toco
beberme las lágrimas
que había sembrado,
y me tragué mares y mares.
Y aún hoy, es la única bebida
que sigo eternamente tomando.
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Autor:
Jobaga (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de marzo de 2026 a las 20:52
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 29
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz, Mauro Enrique Lopez Z., Mª Pilar Luna Calvo
- En colecciones: La pieza que falta.

Offline)
Comentarios1
Tus balles estrofas siembran tus preciados versos estimado poeta y amigo José Bayón
Saludos afectuosos desde España
El Hombre de la Rosa
Saludos y un fuerte abrazo desde mi ser y desde Segovia
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