Las lunas giran, la rueda del tiempo avanza,
y un año más se esfuma, sin dejar esperanza.
La piel se arruga, el paso se hace lento,
y siento en el alma, un profundo lamento.
Los años se acumulan, cual polvo en el rincón,
y la fuerza se debilita, en cada estación.
El espejo me devuelve, un rostro ajado y gris,
un eco del ayer, que ya no es feliz.
El cuerpo protesta, con dolencias y pesar,
y la mente recuerda, lo que ya no está.
La juventud se ha ido, como un sueño fugaz,
y la vejez me acecha, con su sombra tenaz.
Pero en medio del declive, una chispa aún resiste,
la vida es un tesoro, que jamás desiste.
Aunque el cuerpo falle, y la fuerza merme,
el espíritu perdura, y el alma no se enferme.
Así, con paso incierto, sigo mi caminar,
aceptando el destino, que me toca aceptar.
Y en cada nuevo día, busco la luz, el don,
de vivir con entereza, mi última estación.
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Autor:
José de Amercal (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 19 de marzo de 2026 a las 20:05
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 1
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