Hoy quiero hablarte despacio, muerte mía,
como quien se quita la ropa para entrar en el lecho.
No te me escondas en los huesos,
no te disfraces de silencio.
Sal a la luz de este cansancio
a la orilla de estos ojos que ya no quieren ver.
Acércate con tu paso de sombra,
con tu boca de tierra mojada.
Déjame sentir cómo me llamas,
cómo desvistes mi respiración,
cómo besas mis párpados con tu polvo.
Quiero aprender a caer en ti.
Quiero aprender a caer en ti,
Cómo besas mis párpados con tu polvo,
cómo desvistes mi respiración,
Déjame sentir cómo me llamas.
Acércate con tu paso de sombra,
a la orilla de estos ojos que ya no quieren ver,
Sal a la luz de este cansancio.
No te disfraces de silencio,
no te me escondas en los huesos.
Hoy quiero hablarte despacio, muerte mía,
como quien se quita la ropa para entrar en el lecho.
Y esperar, por fin, la consumación de tu caricia,
la dulce agonía de tu nombre en mi pecho.
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Autor:
Akino (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 18 de marzo de 2026 a las 13:52
- Comentario del autor sobre el poema: Porque una noche, después de tantas, el cuerpo ya no pesa igual. Te levantas de la cama y no te duele la espalda, te duele el alma. Y te das cuenta de que has amado tanto, has perdido tanto, has visto tanta gente irse, que la muerte ya no es esa señora vestida de negro que da miedo. Es una mujer. Una mujer callada que, por fin, entiende tu cansancio. Escribí esto no porque quiera morirme mañana, sino porque a veces, en la madrugada, la vida pesa como una cobija mojada. Y entonces piensas: "¿Y si soltarlo todo fuera tan dulce como amanecer?" La escribí para decir que, cuando uno está verdaderamente solo, la muerte deja de ser un final y se convierte en una caricia pendiente. No es tristeza lo que sentía al escribirla. Era ganas de reposar. Ganas de que alguien me dijera, con un beso de tierra, "ya está, ya llegaste". Es, simplemente, el poema de un hombre que aprendió a querer a la única amante que nunca lo va a dejar.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Poesía.

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