Fue tu sangre sobre el limo
rocío dulce y dorado,
un suspiro acompasado
de un clavel rosado y fino.
Fue de polvo su destino
y su aliento fue cansado,
como el son acongojado
del febril albor de un lirio.
Tu ilusión cuajó tu sangre,
y cubrió con muerte el plomo
embriagante del vinagre.
Alma, carne y voz asomo
al abismo inmenso que abre
las hojas que llora el olmo.
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Autor:
Nath. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 17 de marzo de 2026 a las 20:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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