Nathanael Gellibert.

Tu sangre.

Fue tu sangre sobre el limo
rocío dulce y dorado,
un suspiro acompasado
de un clavel rosado y fino.

Fue de polvo su destino
y su aliento fue cansado,
como el son acongojado
del febril albor de un lirio.

Tu ilusión cuajó tu sangre,
y cubrió con muerte el plomo
embriagante del vinagre.

Alma, carne y voz asomo
al abismo inmenso que abre
las hojas que llora el olmo.