Dario y la oda al Capitán Terrestre

José Luis Barrientos León

 

He aquí que el tiempo te alcanza como una marea de sal negra,

y tú, pequeño habitante de las caracolas,

debes soltar los hilos del sueño para tocar la aspereza del mundo.

 

Ya no eres el dueño de la espuma,

ahora eres el navegante que debe aprender la gramática de la piedra.

 

Acepta el amor: ese naufragio de pétalos amarillos,

y acepta el desamor, que es un ancla oxidada

mordiéndote el costado en la noche más larga del hombre.

 

Mira hacia afuera: la humanidad es una red llena de peces mudos,

un mercado de hombres que llevan el invierno en los bolsillos.

 

Tus juegos son ahora maderas que la corriente se lleva,

y tu piel, que antes era una uva de luz,

se irá convirtiendo en el mapa de una isla fatigada,

con las arrugas del viento y la cicatriz de las olas.

 

No importa. Crecer es este oficio de remar sin remos,

de encontrar en lo cotidiano , en el pan, en el jabón, en la llave,

la única balsa posible contra la soledad.

 

Acepta tu rostro que envejece como un acantilado frente al sur,

porque solo el que acepta su invierno

tiene derecho a sentarse en la orilla del próximo día.

 

Ver métrica de este poema
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    Precioso tu versar estimado poeta y amigo Jose Luis
    Saludos de Críspulo desde España
    El Hombre de la Rosa

  • Nkonek Almanorri

    Al hombre que vive con su conciencia tranquila, y por tanto que es feliz, no le cuesta nada en absoluto envejecer frente al mar y al abismo del horizonte.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.