Hubo días donde solo hablaba el amor.
Nada era relevante, solamente ella.
Y yo creía
que aquello era para siempre,
como se cree todo lo que no se cuestiona.
Después vino la vida.
No la que soñamos,
sino la que se instala:
ordenada,
previsible,
correcta.
Construimos un lugar seguro
donde nada dolía,
pero tampoco ardía.
Y sin darnos cuenta
dejé de mirarla.
No fue un olvido brusco,
fue algo peor:
una costumbre.
Ella seguía allí,
pero ya no era descubrimiento,
ni misterio,
ni urgencia.
Solo certeza.
Y la certeza, a veces,
es la forma más lenta
de la distancia.
Cuando otro la miró
como yo la había mirado antes,
no encontró resistencia,
encontró un hueco.
No fue solo su error.
Fue también mi silencio,
mi manera de quedarme,
sin estar del todo.
El amor no murió ese día.
Llevaba tiempo
ahogándose sin hacer ruido.
Y cuando quise entenderlo
ya no quedaba nada que salvar.
Solo dos personas
sentadas frente a frente
con una historia entre las manos
y sin palabras.
Porque a veces
cuando las palabras sobran
es porque ya todo se perdió.
José Antonio Artés Sánchez
-
Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 17 de marzo de 2026 a las 11:19
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.