José Antonio Artés

CUANDO LAS PALABRAS SOBRAN

Hubo días donde solo hablaba el amor.

Nada era relevante,

todo se concentraba en ella.

y el creía

que aquello era eterno,

cómo se cree todo lo que no se cuestiona.

 

Después vino la vida.

No la que soñaban,

Sino la que se instala:

ordenada,

previsible,

correcta.

 

Construyeron un nido seguro

donde nada dolía,

pero tampoco ardía.

Los días empezaron a repetirse

como un péndulo que se balancea

sin sorpresas.

Y sin darse cuenta

dejó de mirarla.

 

No fue un olvido brusco,

fue algo peor:

una costumbre.

Esa forma discreta

de ir borrando el asombro

 

Ella seguía allí,

pero ya no era descubrimiento,

ni misterio,

ni urgencia.

 

Solo certeza.

Y la certeza, a veces,

es la forma más lenta

de la distancia.

 

Cuando otro la miró

como él la había mirado antes,

no encontró resistencia,

sino una puerta

que estaba entornada.

 

No fue solo su decisión.

Fue también el silencio de él,

su manera de quedarse,

sin estar del todo.

 

El amor no murió ese día.

Llevaba tiempo

ahogándose sin hacer ruido.

Como una llama que se apaga

sin que nadie sople.

Y cuando quiso entenderlo,

ya no quedaba nada que salvar.

 

Solo dos personas

sentadas frente a frente

con una historia entre las manos,

y sin palabras.

Porque a veces

cuando las palabras sobran

es porque ya todo se perdió.

 

José Antonio Artés