Hay días
en que el alma se me sienta en una esquina
como una silla cansada de ser silla.
Nadie lo nota.
Los pasos pasan,
las voces pasan,
y yo me quedo —
mueble del mundo —
sosteniendo el peso de nadie.
Qué extraño
ser recipiente de los otros.
Que sus palabras entren
como pájaros sin casa
y salgan,
dejándome solo
con las plumas del ruido.
Y entonces basta un error,
uno pequeño,
tan pequeño como una migaja en la mesa del día,
para que todo vuelva.
Vuelven los ojos,
vuelven las culpas,
vuelven las manos invisibles
que me aprietan el pecho
como si el corazón fuera
una fruta que no debe existir.
Y yo,
que no pedí este cuerpo,
ni esta hora,
ni esta respiración que insiste,
me pregunto
si el vacío también se cansa
de ser vacío.
Pero no.
El vacío
— terco como la noche —
se queda.
Y uno aprende
la lenta ciencia de respirar
dentro de una ausencia.
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Autor:
Noelia Beteta (
Online) - Publicado: 14 de marzo de 2026 a las 23:25
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
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