Callado avanza el tiempo por la vida,
con paso firme y rostro siempre austero;
no vuelve atrás la hora ya perdida
ni escucha al hombre en su rogar sincero.
Mas deja en cada senda recorrida
la huella de un consejo verdadero:
que todo cuanto nace ha de pasar
como la bruma leve sobre el mar.
La juventud presume eternidades
y en su fulgor desprecia la advertencia;
mas pronto el tiempo rompe vanidades
y vuelve humilde al alma con prudencia.
Entonces ve que antiguas necedades
fueron tan sólo sombras sin conciencia,
y aprende que la gloria más constante
es la virtud del ánimo constante.
Así nos va enseñando lentamente
que nada permanece en su figura;
ni el oro, ni el poder resplandeciente,
ni la más celebrada hermosura.
Sólo aquello que habita en noble mente
desafía los siglos con mesura:
la fe, la rectitud, la caridad
que guarda firme el curso de la edad.
Y cuando ya la tarde se aproxima
y el día inclina su dorada frente,
el hombre mira atrás desde la cima
del camino que anduvo largamente.
Comprende que la vida se sublima
si aprende del reloj paciente y fuerte:
que el tiempo no es verdugo del vivir,
sino maestro oculto del sentir.
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Autor:
Efrain Eduardo Cajar González (
Offline) - Publicado: 14 de marzo de 2026 a las 01:16
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Dante errante, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Salvador Santoyo Sánchez, Sergio Alejandro Cortéz, Efrain Eduardo Cajar González

Offline)
Comentarios1
La genialidad de tu escxritura alumbra tus hermosas letras
Saludos desde España de Críspulo
El Hombre de la Rosa
Agradecido por esas palabras y la lectura.
Saludos hasta España.
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