Efrain Eduardo Cajar González

Lecciones del Tiempo

Callado avanza el tiempo por la vida,
con paso firme y rostro siempre austero;
no vuelve atrás la hora ya perdida
ni escucha al hombre en su rogar sincero.
Mas deja en cada senda recorrida
la huella de un consejo verdadero:
que todo cuanto nace ha de pasar
como la bruma leve sobre el mar.

La juventud presume eternidades
y en su fulgor desprecia la advertencia;
mas pronto el tiempo rompe vanidades
y vuelve humilde al alma con prudencia.
Entonces ve que antiguas necedades
fueron tan sólo sombras sin conciencia,
y aprende que la gloria más constante
es la virtud del ánimo constante.

Así nos va enseñando lentamente
que nada permanece en su figura;
ni el oro, ni el poder resplandeciente,
ni la más celebrada hermosura.
Sólo aquello que habita en noble mente
desafía los siglos con mesura:
la fe, la rectitud, la caridad
que guarda firme el curso de la edad.

Y cuando ya la tarde se aproxima
y el día inclina su dorada frente,
el hombre mira atrás desde la cima
del camino que anduvo largamente.
Comprende que la vida se sublima
si aprende del reloj paciente y fuerte:
que el tiempo no es verdugo del vivir,
sino maestro oculto del sentir.