Hoy dejo de escribir aquí.
Durante un tiempo este espacio fue un refugio, un lugar donde las palabras podían decir lo que a veces uno no logra explicar en voz alta. Aquí dejé pensamientos, emociones, fragmentos de noches largas y de días que pesaban más de lo que parecían.
Escribir fue mi manera de entender muchas cosas: el amor, la ausencia, las despedidas, las promesas que se rompen y las que se quedan flotando en el aire.
Pero todo ciclo también aprende a cerrarse.
Hoy me despido de este lugar y de las palabras que alguna vez dejé aquí. No porque ya no sienta, ni porque la vida se haya vuelto silenciosa… sino porque a veces uno necesita guardar lo que siente en otro sitio, en otro momento, o simplemente dentro de sí.
A quienes alguna vez leyeron algo mío, gracias.
A quienes encontraron un pedazo de sí mismos en alguna línea, gracias también.
Me voy en silencio, como suelen irse muchas cosas importantes.
Pero las palabras… esas siempre encontrarán otro lugar donde existir.
Adiós.
Las despedidas no son escenas dramáticas.
No siempre hay llanto, ni palabras finales, ni promesas que se rompen.
La mayoría de las despedidas son silenciosas.
Empiezan cuando algo se enfría…
cuando las palabras ya no encuentran dónde quedarse,
cuando las miradas pasan de largo
como si el otro fuera parte del paisaje.
Y uno lo siente.
No de golpe, sino como se siente el invierno:
primero en el aire,
después en los huesos.
Hay un momento exacto en el que todo empieza a morir.
Pero casi nadie lo ve.
Seguimos hablando, seguimos riendo, seguimos tocándonos…
como si no supiéramos que lo que estamos viviendo
ya es un recuerdo en proceso.
Las despedidas verdaderas son así:
lentas, frías, inevitables.
No llegan para romper algo.
Llegan cuando lo que había dentro
ya se rompió hace tiempo.
Y entonces queda ese silencio extraño entre dos personas
que alguna vez se conocieron demasiado.
Un silencio pesado.
Incómodo.
Triste.
Como si ambos supieran que están viendo los últimos restos
de algo que ya no existe.
Porque esa es la parte más cruel de las despedidas:
no te arrancan a alguien de golpe…
te obligan a verlo desaparecer
poco a poco.
Hasta que un día
ya no queda nada.
Ni la costumbre.
Ni el cariño.
Ni la necesidad de quedarse.
Solo queda una especie de vacío tranquilo…
una ausencia que ya no grita.
Y es ahí cuando entiendes algo terrible:
que algunas personas no se van de tu vida.
Simplemente
dejan de estar.
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Autor:
Adrian Alfaro (
Offline) - Publicado: 13 de marzo de 2026 a las 14:22
- Categoría: Triste
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Paris Joel, Sergio Alejandro Cortéz, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, Adrian Alfaro

Offline)
Comentarios2
Creo que en estas frases queda concentrada la consigna:
***Empiezan cuando algo se enfría…
cuando las palabras ya no encuentran dónde quedarse,
cuando las miradas pasan de largo
como si el otro fuera parte del paisaje.***
Van mis felicitaciones, colega de la pluma
Shalom
Precioso y bien rimado tu genial versar estimado poeta y amigo Adrian
Saludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
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