Yo no toco tu carne, toco el río
que baja tembloroso por tu espalda;
toco la verde y húmeda esmeralda
donde el deseo vence todo frío.
Un ejército de hormigas, amor mío,
recorre tu columna y tu guirnalda,
mientras el pasto, en busca de la falda,
nos roba el último calor de estío.
Mi sangre es un cuchillo de azucena
que busca el centro de tu tierra oscura,
donde la noche se vuelve serena.
Tú eres el monte, y yo la criatura
que en tu vientre de arcilla y de colmena,
encuentra su descanso y su locura.
Ya no es el río, es el volcán que brama
bajo el asedio de mi mano ciega;
toda tu geografía se me entrega
en un nudo de sal, de cal y llama.
Mi voz, que en tu garganta se derrama,
es un metal que en tu silencio juega,
y el pulso de los dos, que no se niega,
rompe la rama y prende la retama.
Se quiebra el monte en un temblor de roca,
tu vientre es un abismo de panal
donde mi sed se funde y se sofoca.
Y en ese golpe de agua y de puñal,
el alma se nos sale por la boca
para volvernos polvo... pero eterno y sal.
m.c.d.r
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Autor:
m.c.d.r (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 13 de marzo de 2026 a las 00:59
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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