Hoy, al mirarte,
vi el cansancio de una vida
que se había consumido
entre la rutina de los días
cuidando a tus hijos.
Vi la vulnerabilidad
de tu alma agotada
mientras los segundos
gateaban lentamente
para llegar.
En aquel cuarto frío
vi a la muerte vestida de blanco
reflejarse en tu rostro oscuro
con una sonrisa siniestra,
como si conociera su ventaja
sobre tu vida.
Un suspiro largo
retumbó en todo el pasillo,
como un eco que traducía
una despedida
que estaba a punto de llegar.
El espacio se volvió inevitable.
Un escalofrío recorrió mi piel
como si el calor de mi cuerpo
hubiera sido extinguido.
De pronto, el cuarto se llenó de ruido.
Venían por ti con una camilla:
tres hombres vestidos de uniforme,
con el rostro pintado
de una compasión
que ya era rutina en sus días.
Te miraron mientras te consolaban,
diciendo que todo estaría bien.
Pero noté la expresión resignada
de uno de ellos,
como si también hubiera sido testigo
de ese último baile
donde la vida se rinde
y poco a poco se esfuma.
Te vi marchar
con la tristeza en aquellos ojos
que habían visto tantos otoños,
y una sonrisa leve, forzada,
como si aquella despedida
fuera la última.
Una semana después,
justo hoy,
me enteré de que no resististe.
Que tu brillo se apagó
como la tarde cuando se rinde al anochecer,
dejando en medio de la noche
la desolación
de quienes te amaban
y ahora tendrán que aprender
a vivir sin ti.
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Autor:
Poemas De Una Mente Joven. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de marzo de 2026 a las 21:41
- Categoría: Sin clasificar
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Offline)
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