Yoleisy Saldana

El Último Pasillo.

Hoy, al mirarte,

vi el cansancio de una vida

que se había consumido

entre la rutina de los días

cuidando a tus hijos.

 

Vi la vulnerabilidad

de tu alma agotada

mientras los segundos

gateaban lentamente

para llegar.

 

En aquel cuarto frío

vi a la muerte vestida de blanco

reflejarse en tu rostro oscuro

con una sonrisa siniestra,

como si conociera su ventaja

sobre tu vida.

 

Un suspiro largo

retumbó en todo el pasillo,

como un eco que traducía

una despedida

que estaba a punto de llegar.

 

El espacio se volvió inevitable.

Un escalofrío recorrió mi piel

como si el calor de mi cuerpo

hubiera sido extinguido.

 

De pronto, el cuarto se llenó de ruido.

Venían por ti con una camilla:

tres hombres vestidos de uniforme,

con el rostro pintado

de una compasión

que ya era rutina en sus días.

 

Te miraron mientras te consolaban,

diciendo que todo estaría bien.

 

Pero noté la expresión resignada

de uno de ellos,

como si también hubiera sido testigo

de ese último baile

donde la vida se rinde

y poco a poco se esfuma.

 

Te vi marchar

con la tristeza en aquellos ojos

que habían visto tantos otoños,

y una sonrisa leve, forzada,

como si aquella despedida

fuera la última.

 

Una semana después,

justo hoy,

me enteré de que no resististe.

 

Que tu brillo se apagó

como la tarde cuando se rinde al anochecer,

dejando en medio de la noche

la desolación

de quienes te amaban

y ahora tendrán que aprender

a vivir sin ti.