Un conejo
puede saltar,
comer lechuga,
plantearse problemas
que se resuelven
dentro de aritméticas
no acumulativas
y puede hacer todas las cosas
que hacen los conejos
gracias a la propiedad de conejez
presente en todos ellos.
Del mismo modo,
la mosquitez
permite a estos dípteros
hacer todas y cada una de las cosas
que hacen los mosquitos,
como arrullar tiernamente
el nacer de las olas...
El problema
es la humanidad.
La atunez
hace que el oficio más bello
del canto de los sueños sordos
sea el de los atunes,
y les ayuda a entrar
perfectamente
dentro de las latas con verduras.
La propiedad de zanahoriez,
como todos lo saben,
hace lo propio
con aquellas hortalizas,
aunque el observador acucioso
conocerá ya de sobra,
todo lo que las zanahorias realizan.
Ahora que el problema que se tiene,
es con la humanidad.
La tlacuachez
ha permitido
aquellos complejos tratados filosóficos
que los tlacuaches escriben
en las raíces del viento,
que escupe frutos agridulces
para alimentar a las lombrices,
quienes,
dicho sea de paso,
poseen esa rara propiedad de lombricez,
que tanto escasea hoy día.
Pero aún tenemos este problema
que enuncia una discontinuidad
sobre una superficie
homeomorfa al plano euclideano:
el problema de la humanidad...
Quizás tan sólo le falten más diéresis,
o le sobren vocales,
o quizá sea necesario
que termine en “z”.
Tal vez,
y sólo tal vez,
la humanidad se equivocó de animal,
de planta
o de tiempo.
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Autor:
hugo ivan cruz rosas (
Online) - Publicado: 11 de marzo de 2026 a las 01:29
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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