De pequeña veía
Sailor Moon
y Los Caballeros del Zodiaco
en casa de la vecina.
En la mía no había televisor.
A veces me sentaba en el patio,
recordando los episodios
o inventando historias,
mientras el viento me movía el pelo
y el sol caía sobre los tejados.
Peleaba con mi hermana
y con otras vecinas,
cada una reclamando
quién era.
Entre tazos y carritos,
mis manos corrían.
No miraba desde lejos;
entraba en los sueños
y me quedaba allí un rato.
Una vez,
no recuerdo bien qué edad tenía,
mi madre encontró una moneda
de quinientos pesos.
La cobijó entre las manos
un momento.
Faltaba comida en casa,
y pensó que no alcanzaría para todos.
Jugó un chance con ese número.
Al día siguiente,
mi hermana fue a la tienda
para averiguar qué número tocó,
y corrió a anunciar
que había ganado.
El de la tienda le fió el mercado
mientras ella cobraba el chance.
Yo estaba en mi inocencia.
No sabía lo que hacían los padres
cuando cerraban la puerta de la cocina
y dejaban que todo siguiera girando
a su manera.
-
Autor:
Azucena Ibatá Bermudez 🌼🍃 (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 10 de marzo de 2026 a las 09:43
- Comentario del autor sobre el poema: A veces no valoramos todo lo que hicieron nuestros padres, hasta que la memoria nos revela lo que nos dieron, y comprendemos cuánto marcaron nuestra infancia.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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