No tengo metros para olvidarte.
Lo mío es un amor sin medida:
una marea secreta
que aprendió a respirar en mis huesos.
Te nombro
y el aire gira de repente,
como una bandada de recuerdos
grafiteando mi cielo interior.
Y vuelvo a tener la sangre incómoda
corriendo por los ventanales solemnes del alma.
Eres incendio quieto
que el tiempo dejó ardiendo en mis venas;
una campana sumergida
que aún resuena en el fondo del pecho.
Quise medir tu ausencia
con la regla cansada de los días,
pero cada amanecer rompía la cifra
como un pez de oro quebrando el vidrio del tiempo.
Entonces comprendí
que olvidarte sería pedirle al mar
que calle su tambor de sal,
o al viento del istmo
que deje de caminar sobre las montañas.
Porque tú eres ese viento:
cruzas mi memoria
como una vela de fuego entre manglares,
como un relámpago manso
escribiendo tu nombre en la piel de la lluvia.
A veces intento arrancarte del pecho,
como quien quisiera desclavar del horizonte
la primera luz del mundo;
pero vuelves,
siempre vuelves,
y en mis huesos se quiebran tus etcéteras,
igual que se quiebran las garzas regresan al río
cuando el sol derrama cobre sobre el agua.
Y yo quedo aquí,
con este amor creciendo como selva en la sangre,
invadiendo las habitaciones del alma
donde ni el olvido se atreve a dormir.
Porque hay quereres que nacen
con la paciencia del magma bajo la tierra,
con la raíz salvaje del maíz y la lluvia,
con la voz profunda del Caribe
que aprendió a cantar dentro de las tormentas.
Por eso no tengo metros para olvidarte:
mi amor es un istmo encendido
donde dos océanos se buscan sin descanso
y tu nombre es el puente secreto
por donde mi corazón cruza de un mar al otro
buscando el mañana.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de marzo de 2026 a las 00:09
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
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