JUSTO ALDÚ

ISTMO DE UN AMOR SIN MEDIDA

 

No tengo metros para olvidarte.

Lo mío es un amor sin medida:

una marea secreta

que aprendió a respirar en mis huesos.

 

Te nombro

y el aire gira de repente,

como una bandada de recuerdos

grafiteando mi cielo interior.

Y vuelvo a tener la sangre incómoda

corriendo por los ventanales solemnes del alma.

 

Eres incendio quieto

que el tiempo dejó ardiendo en mis venas;

una campana sumergida

que aún resuena en el fondo del pecho.

 

Quise medir tu ausencia

con la regla cansada de los días,

pero cada amanecer rompía la cifra

como un pez de oro quebrando el vidrio del tiempo.

 

Entonces comprendí

que olvidarte sería pedirle al mar

que calle su tambor de sal,

o al viento del istmo

que deje de caminar sobre las montañas.

 

Porque tú eres ese viento:

cruzas mi memoria

como una vela de fuego entre manglares,

como un relámpago manso

escribiendo tu nombre en la piel de la lluvia.

 

A veces intento arrancarte del pecho,

como quien quisiera desclavar del horizonte

la primera luz del mundo;

pero vuelves,

siempre vuelves,

y en mis huesos se quiebran tus etcéteras,

igual que se quiebran las garzas que regresan al río

cuando el sol derrama cobre sobre el agua.

 

Y yo quedo aquí,

con este amor creciendo como selva en la sangre,

invadiendo las habitaciones del alma

donde ni el olvido se atreve a dormir.

 

Porque hay quereres que nacen

con la paciencia del magma bajo la tierra,

con la raíz salvaje del maíz y la lluvia,

con la voz profunda del Caribe

que aprendió a cantar dentro de las tormentas.

 

Por eso no tengo metros para olvidarte:

mi amor es un istmo encendido

donde dos océanos se buscan sin descanso

y tu nombre es el puente secreto

por donde mi corazón cruza de un mar al otro

buscando el mañana.

 

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