La memoria destila su relámpago,
un fósforo antiguo bajo la piel.
El pulso inaugura su arquitectura
en la catedral mínima del pecho.
La palabra germina, fractal,
entre los pliegues tibios del silencio.
Allí el tiempo mastica sus semillas
y las vuelve nombre.
Pero el nombre se agrieta,
como vaso de barro en la intemperie,
y del resquicio nace el otro:
ese que habita detrás del rostro.
Donde el alma aprende su exilio
y el amor inventa gravedad.
Entonces el ser, breve constelación,
arde un instante
en la lámpara del mundo.
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Autor:
Kenneth (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de marzo de 2026 a las 22:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 36
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, JuanDumBass, kiry, JUSTO ALDÚ, pani

Offline)
Comentarios1
Genial tu hermosa forma de versar estimado poeta y amigo Kenneth
Recibe un abrazo de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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