INEXISTENCIA

José Antonio Artés

Me cansé de ser solo espacio

que ocupaban otros,

la materia que ocultaba la realidad,

un disfraz de humildad

que sabía a confusión.

No estaba en ningún lugar

aunque el tiempo pasaba lentamente,

intentando medir mi pasividad.

 

Me acostumbre a esa forma de estar:

Sentado en los bordes de las conversaciones,

sonriendo cuando tocaba,

afirmando siempre con la cabeza

mientras el día se iba gastando

como una moneda pequeña.

 

Era fácil confundirme con el entorno:

Una silla ocupada,

un nombre escrito en cualquier agenda,

una presencia habitualmente correcta

que no interrumpe el orden de las cosas.

 

Y así pasaron los años, no con ruido,

sino con esa calma discreta

con la que envejecen los relojes

cuando nadie los mira.

A veces observaba mis manos

como quién busca una señal,

una prueba mínima

de que la vida también me pertenecía.

 

Pero el silencio respondía primero,

era antiguo, hecho de gestos prudentes,

 de palabras nunca dichas,

hasta que un instante de lucidez

reveló algo tan sencillo

que casi daba miedo pensarlo.

 

La inexistencia no es desaparecer:

Es algo cotidiano más silencioso,

es seguir respirando cada día

sin haber encontrado todavía,

el lugar exacto donde empieza tu vida.

Y quizá por eso,

en un momento elegido, decidí al fin,

ocupar el espacio que había cedido.

 

Aunque fuera tarde,

aunque nadie lo notara,

aunque la costumbre dudara de mí.

Porque incluso la sombra,

cuando aprende a mirarse,

empieza lentamente a existir.

 

 

José Antonio Artés Sánchez

 

 

 

 

 

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • Javier Julián Enríquez

    Muchas gracias, José Antonio, por este reflexivo poema. Se puede apreciar en él cómo la introspección sobre la autopercepción revela una profunda crisis existencial, en la que la voz poética se percibe como un mero receptáculo, como que pareciese despojado de agencia y definido por la imposición externa. Es como si esta actitud pudiese llevarnos a un estado de pasividad que nos aleja del centro y nos sumerge en una conformidad silenciosa, que consume nuestra vitalidad de manera gradual. Con el paso del tiempo, se ha producido una disgregación en el entorno y una reducción a una presencia funcional, aunque inerte. Sin embargo, la contemplación de la propia existencia, a través de la observación de las manos o la búsqueda de indicios de pertenencia, culmina en un instante de lucidez: la inexistencia no es la ausencia, sino la persistencia sin propósito. Por ende, la verdadera ausencia, tal vez, reside en la dificultad de delimitar el propio ser. Ante esta revelación, la voz poética toma la decisión de reclamar un espacio, como un acto de afirmación existencial, a pesar de la tardanza, la indiferencia ajena o la duda internalizada. En este sentido, la sombra, al ser reconocida, trasciende su condición de mera ausencia para iniciar su propia travesía hacia la existencia.
    Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.