a Lia Ariana Leyva.
Lleva dos olivos relucientes y llenos de vida,
dos gotas de marzo que envuelven el mar,
su luz consume las olas; sirena despolvada;
fuego de rosa mojada, son largos tus muslos de frágil virgen
o de amante húmeda, llevas en el mimbre
un ángel de mística raíz verde...
y tu cuerpo se vuelve otoño.
¡Lia, oh mi dulce cariño!
Tú te entregas al viento
así como lo hace mis alas; dame de tu carne blanca
dame de tu dulzura que en la noche preludia
mi enorme apetito.
Déjame imponer sobre esta tierra la gloria y la conquista
para forjar sobre mis rezos tu catedral.
Déjame vivir dentro de esa mirada
de brillo inmaculado que se derrama en la raíz de mis entrañas.
Brillaste en ese instante
y para mí la noche se volvió un bosque de esmeraldas
que bajo su espesura
encontré los altos jardines del edén.
Tan solo presencié como la madrugada
se escondía dentro de un jadeo tuyo:
sintiendo tu calor
tu respiración hecha calma...
te acomodé en mis brazos,
juntos nos preparamos para soñar.
Hundiste tu rostro en mi pecho
esperando el primer albor de la mañana.
Acomodándose el cabello
me compuso la más linda sonrisa
y olvidé mis insomnios,
mis inviernos y sacie su espuma
con el roce de los pétalos manchadas
con la savia de la noche en un trémulo beso
y al fin me levanté victorioso
al presenciar como su mirada me coronaba rey
y se entregó a la voluntad del amor.
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Autor:
El rey pálido (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 8 de marzo de 2026 a las 02:06
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 1

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