Cristian White

La voluntad del amor

a Lia Ariana Leyva.

 

Lleva dos olivos relucientes y llenos de vida,

dos gotas de marzo que envuelven el mar,

su luz consume las olas; sirena despolvada;

fuego de rosa mojada, son largos tus muslos de frágil virgen 

o de amante húmeda, llevas en el mimbre

un ángel de mística raíz verde...

y tu cuerpo se vuelve otoño.

¡Lia, oh mi dulce cariño!

Tú te entregas al viento

así como lo hace mis alas; dame de tu carne blanca

dame de tu dulzura que en la noche preludia

mi enorme apetito.

Déjame imponer sobre esta tierra la gloria y la conquista

para forjar sobre mis rezos tu catedral.

Déjame vivir dentro de esa mirada

de brillo inmaculado que se derrama en la raíz de mis entrañas.

Brillaste en ese instante 

y para mí la noche se volvió un bosque de esmeraldas 

que bajo su espesura

encontré los altos jardines del edén.

Tan solo presencié como la madrugada 

se escondía dentro de un jadeo tuyo:

sintiendo tu calor

tu respiración hecha calma...

te acomodé en mis brazos,

juntos nos preparamos para soñar.

Hundiste tu rostro en mi pecho

esperando el primer albor de la mañana.

Acomodándose el cabello 

me compuso la más linda sonrisa

y olvidé mis insomnios,

mis inviernos y sacie su espuma

con el roce de los pétalos manchadas

con la savia de la noche en un trémulo beso

y al fin me levanté victorioso

al presenciar como su mirada me coronaba rey

y se entregó a la voluntad del amor.