Eran gardenias
las que olía por su boca;
lirios blancos sus palabras.
Avellanas doradas,
que miraban estos ojos,
había en ellos tanta vida;
el tiempo no existía si mi mirada
se cruzaba con la suya.
¡Qué enigma más delicioso!,
Eran sus ojos avellana.
Navegar en ellos era mi anhelo,
entrar en sus pensamientos
para saber si era yo en
quien pensaba.
Quería en mis labios su aroma
de gardenias; saborear
lentamente, la dulzura de su boca.
Los dedos de sus manos
delicados y tersos, los quería
en mi rostro, llevarlos
a mí labios y morderlos
como chiquillo a un caramelo.
Que obsesión más placentera,
causaba rozar su piel
deslizar mis manos por su espalda.
Nunca dormir a su lado, soñar despierto con ella;
fantasear dormido, en su lecho.
¡Qué poco dura lo bueno!
Como perdura el anhelo
de lo que poco duró.
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Autor:
María del Rocío (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 6 de marzo de 2026 a las 01:23
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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