Un silencio mordaz susurra al sereno de una casa ensombrecida
que una vez hubo velas por las colinas, y antes de las velas
se alumbraban con estrellas.
Las estrellas se extinguieron, los montes se hicieron faldas de
cera. Solo queda el resoplo del viento que lleva miseria.
La mecedora tabalea, con el entusiasmo de un pez.
Puertas, paredes y losas escurren el barniz, a palidecer.
Los grifos estornudan enfermos, creando archipielagos de polvo.
Todo tiene apego a la rutina, rutinaria de esperar que llegue el
viento nuevamente; sentirlo, dejarlo pasar, que sople un poco;
que suba las escaleras, que baje de nuevo; que explore los huecos,
que tanteé, que tase, que mida, que diga por el amor de Dios qué vino a hacer.
Más miseria.
Perfecto.
Hasta luego.
LLévese la misera que aquí desborda, hastiada intención,
repudiado regalo. No se precisa más eco del pasado.
La miseria es emisaria, vaya por ahí a regarlo.
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Autor:
Ian Tejeda (
Offline) - Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 00:18
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 35
- Usuarios favoritos de este poema: ElidethAbreu, alicia perez hernandez, Ricardo Castillo., El Hombre de la Rosa, BellaHurtado, El desalmado, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios1
Hermoso y precido tu genial versar estimado poeta y amigo Tejada
Saludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias por su comentario. ¡Un abrazo!
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