CENIZA FRÍA
Mírate bien… qué sorpresa verte aquí,
con esa cara de que no hiciste nada;
vienes buscando lo que un día perdí,
queriendo cobrar lo que no te debía.
Dices que el tiempo te enseñó a valorar,
que como mi amor no encontraste ninguno;
pero te aviso: ya aprendí a caminar
sin tropezarme otra vez con lo tuyo.
No reconozco esa voz que hoy me ruega
ni esos suspiros que quieres fingir;
este corazón ya no apuesta ni juega,
se cansó de esperarte pa’ vivir.
Guardé los recuerdos donde no hacen ruido,
les puse distancia y tiré la llave;
hoy que te miro de frente y sin miedo
ya no significas lo que significabas.
Viniste a encender el fuego
cuando ya todo era ceniza fría,
queriendo jugar con mis sentimientos
como si mi pena te divertía.
Llegaste tarde: el invierno pasó,
mi alma ya tiene otro abrigo puesto;
el hombre que un día te amó ya murió
y no voy a revivir a ese muerto.
No gastes palabras, no pidas perdón,
que el perdón se acaba sin respeto;
lo nuestro fue puro perder y perder,
y el olvido cerró nuestro trato.
Date la vuelta por donde viniste:
ya no hay lugar en mi mesa ni cama;
lo que se rompe por gusto y capricho
no lo compone después una lágrima.
Viniste a encender el fuego
cuando ya todo era ceniza fría,
queriendo jugar con mis sentimientos
como si mi pena te divertía.
Llegaste tarde: el invierno pasó,
mi alma ya tiene otro abrigo puesto;
el hombre que un día te amó ya murió
y no voy a revivir a ese muerto.
Cierra la puerta, que entra la corriente,
no quiero que el frío me vuelva a pegar;
vete tranquila, sigue tu camino…
y no se te ocurra volver a llamar.
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En carne viva
Pensando en su pasión, mi sueño no va alado,
camina con los pies hundidos en la tierra;
no busca luz celeste ni palabras de guerra,
sino el latido espeso del cuerpo fatigado.
No quiero un vals brillante, pulido y perfumado,
prefiero el ritmo torpe que en el pecho se aferra;
que el beso no sea música que el aire encierra,
sino sal compartida después de haber sudado.
Al escribir no vuelo: trabajo la madera,
me astillo con su nombre, me mancho en su cintura;
mi verso no es un templo, es taller y es trinchera.
Y ella no es ambrosía ni mármol de escultura:
es pasto recién cortado pegado a la cadera,
es sed que no se sacia sin piel y mordedura.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de marzo de 2026 a las 00:08
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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