William26🫶

Ceniza Fría

CENIZA FRÍA

 

 

Mírate bien… qué sorpresa verte aquí,

con esa cara de que no hiciste nada;

vienes buscando lo que un día perdí,

queriendo cobrar lo que no te debía.

Dices que el tiempo te enseñó a valorar,

que como mi amor no encontraste ninguno;

pero te aviso: ya aprendí a caminar

sin tropezarme otra vez con lo tuyo.

No reconozco esa voz que hoy me ruega

ni esos suspiros que quieres fingir;

este corazón ya no apuesta ni juega,

se cansó de esperarte pa’ vivir.

Guardé los recuerdos donde no hacen ruido,

les puse distancia y tiré la llave;

hoy que te miro de frente y sin miedo

ya no significas lo que significabas.

Viniste a encender el fuego

cuando ya todo era ceniza fría,

queriendo jugar con mis sentimientos

como si mi pena te divertía.

Llegaste tarde: el invierno pasó,

mi alma ya tiene otro abrigo puesto;

el hombre que un día te amó ya murió

y no voy a revivir a ese muerto.

No gastes palabras, no pidas perdón,

que el perdón se acaba sin respeto;

lo nuestro fue puro perder y perder,

y el olvido cerró nuestro trato.

Date la vuelta por donde viniste:

ya no hay lugar en mi mesa ni cama;

lo que se rompe por gusto y capricho

no lo compone después una lágrima.

Viniste a encender el fuego

cuando ya todo era ceniza fría,

queriendo jugar con mis sentimientos

como si mi pena te divertía.

Llegaste tarde: el invierno pasó,

mi alma ya tiene otro abrigo puesto;

el hombre que un día te amó ya murió

y no voy a revivir a ese muerto.

Cierra la puerta, que entra la corriente,

no quiero que el frío me vuelva a pegar;

vete tranquila, sigue tu camino…

y no se te ocurra volver a llamar.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Cuatro en la pared

 

Yo soy…

al menos eso creo.

Mi vida: un cuatro

grabado en pared descascarada,

cifra huérfana de quien la trazó,

herramienta olvidada en el polvo.

Huellas como reses tras el hierro,

marcadas en la piel del tiempo,

sin dueño que las reclame.

Hubo un instante —impreciso—

en que mi voz cambió de rumbo.

Como ese cuatro en la pared,

también yo quedé torcido

sin saber quién me escribió.

El quiebre llegó mudo

y desde entonces balbuceo

con sílabas que renquean.

No brillo.

No soy desecho total.

Caso atípico:

entre la espera

y la falla.

Me miro de soslayo,

como a una muesca en el yeso:

¿accidente

o destino?

Sigo aquí:

ese cuatro imperfecto

trazado una vez

que el tiempo

todavía no borra.