La adicción es rentable: el juicio a Meta y Google y la responsabilidad detrás del diseño digital
El lunes 9 de febrero comenzó en un tribunal civil de Los Ángeles un juicio que podría sentar un precedente decisivo. Meta y Google —propietaria de YouTube— enfrentan acusaciones que trascienden la simple moderación de contenidos. El abogado del demandante fue directo: las plataformas “crearon adicción” entre usuarios jóvenes.
La expresión no es menor. Si algo genera dependencia y, además, produce beneficios multimillonarios, surge una pregunta incómoda: ¿se trata de un efecto colateral inevitable o de una consecuencia coherente con el modelo de negocio?
Investigar este tema no ha sido sencillo. La Información abunda —estudios científicos, informes internos, demandas colectivas, testimonios de expertos— porque el debate está en plena ebullición. Lo complejo no es hallar datos, sino interpretarlos sin caer en alarmismos ni en negaciones cómodas. Entre la exageración y la indiferencia, el análisis exige equilibrio.
Un diseño pensado para prolongar
Uno de los elementos más discutidos es el scroll infinito. Aparentemente inocente, elimina el final. No hay última página ni cierre natural. Se desliza el dedo y el contenido continúa. Sin interrupciones.
Desde la perspectiva del diseño conductual, su eficacia radica precisamente en esa ausencia de límite. El usuario no decide activamente continuar; simplemente sigue. Para un adulto puede significar distracción extendida. Para un menor, cuyo autocontrol y percepción del tiempo aún se encuentran en desarrollo, el impacto puede ser más profundo.
En el ecosistema digital, la atención no es un subproducto: es la materia prima. Cuanto más tiempo permanece alguien conectado, mayor es la exposición publicitaria y mayor el flujo de datos que alimenta el sistema. La permanencia se traduce en ingresos. Esa ecuación es simple y transparente.
Aquí aparece la tensión central del juicio: cuando el beneficio depende del tiempo sostenido frente a la pantalla, reducir ese tiempo no parece precisamente rentable.
Algoritmos que intensifican lo que retiene
Los algoritmos de recomendación añaden otra capa. Analizan cada interacción: duración de visualización, repeticiones, comentarios, pausas. Con esa información modelan perfiles conductuales de notable precisión.
Su objetivo declarado es personalizar la experiencia. Sin embargo, múltiples investigaciones sugieren que el contenido que provoca emociones intensas —ya sea entusiasmo, indignación o inseguridad— tiende a generar mayor permanencia.
Un estudio longitudinal publicado en JAMA Network Open que siguió a casi 12 000 menores encontró que un mayor uso de redes sociales se asociaba con un aumento posterior de síntomas depresivos. Otra revisión sistemática en JAMA Pediatrics, que analizó más de un millón de adolescentes en diversos estudios, halló correlaciones consistentes entre uso intensivo y ansiedad o depresión. No prueban causalidad absoluta, pero sí establecen una relación que no puede ignorarse.
En la adolescencia, etapa marcada por la búsqueda de identidad y validación, la personalización algorítmica puede amplificar vulnerabilidades. Si un joven muestra interés por dietas extremas o contenidos autocríticos, el sistema puede reforzar ese patrón hasta convertirlo en un circuito cerrado. No todos los casos desembocan en daño, pero el riesgo existe.
Y cuando esa permanencia incrementa ingresos, la sospecha se instala: si la conducta compulsiva aumenta la rentabilidad, la frontera entre accidente y diseño se vuelve difusa.
¿Adicción o término excesivo?
La palabra “adicción” es clínicamente debatida. No todos los especialistas la aplican al uso de redes sociales. Sin embargo, muchos reconocen patrones similares a los de conductas adictivas: necesidad creciente de uso, irritabilidad al desconectarse, alteraciones del sueño, interferencia académica.
El debate no es trivial. No se trata de etiquetar sin rigor, sino de examinar si el diseño digital potencia conductas problemáticas en menores y si el modelo económico obtiene beneficios directos de esa intensificación.
Cuando la arquitectura tecnológica optimiza cada segundo de permanencia, la discusión deja de ser exclusivamente tecnológica y se convierte en ética.
Prohibir o regular: una decisión compleja
Ante este escenario, la pregunta reaparece: ¿debe prohibirse el acceso a redes a menores de 16 años?
La prohibición total parece una solución clara y protectora. Pero su aplicación práctica sería difícil y podría fomentar accesos ocultos. Además, las redes forman parte del tejido cultural contemporáneo; excluir por completo a los menores podría generar otro tipo de aislamiento.
La permisividad absoluta, por su parte, ignora la sofisticación psicológica del diseño digital y las desigualdades en supervisión familiar.
Entre ambos extremos, la opción más razonable parece ser la regulación firme: verificación de edad, límites de uso, mayor transparencia algorítmica y educación digital obligatoria. Y, sobre todo, responsabilidad empresarial cuando el diseño favorezca daños previsibles.
Una postura después de atravesar dudas
Al iniciar esta reflexión, la inclinación podía ser tajante. Proteger mediante la prohibición parecía una respuesta contundente. Sin embargo, al revisar estudios, analizar cifras y escuchar argumentos diversos, la simplicidad inicial se volvió insuficiente.
La prohibición absoluta no parece la vía más eficaz. Tampoco lo es la indiferencia regulatoria. Si el modelo económico premia la atención prolongada —incluso cuando afecta a menores— la carga no puede recaer únicamente en la fuerza de voluntad de un adolescente ni en la vigilancia permanente de los padres.
La libertad auténtica requiere condiciones para ejercerse con criterio. Y ese criterio aún está en construcción en la adolescencia.
Más que un juicio, una señal de época
El proceso judicial en Los Ángeles no resolverá por sí solo el dilema digital. Pero marca un cambio simbólico: por primera vez se examina no solo el contenido que circula, sino el diseño que lo sostiene.
No ha sido fácil adentrarse en este tema, aunque información no falte. Precisamente porque es un debate vivo, abundan estudios, opiniones y posturas encontradas. Entre el ruido y la evidencia, lo honesto ha sido aceptar la complejidad sin renunciar a una conclusión.
Quizá la cuestión no sea únicamente si debemos prohibir el acceso a redes a menores de 16 años. La pregunta más profunda es qué tipo de arquitectura digital consideramos aceptable para quienes aún están formando su identidad.
Porque al final no estamos discutiendo solo tecnología. Estamos discutiendo el entorno invisible donde una generación aprende a mirarse a sí misma.
Y ese entorno, nos guste o no, también tiene autores.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de febrero de 2026 a las 00:12
- Comentario del autor sobre el poema: Un artículo comienza en la pesquisa: rastrear datos en archivos digitales, contrastar voces en portales y bibliotecas virtuales, o volver al papel subrayado, al documento físico, a la entrevista directa. La información se recoge como quien junta leña: unas ramas vienen de la red luminosa, otras del bosque tangible. Verificarla es parte del oficio, sí, pero no siempre el corazón del proceso. Lo esencial ocurre cuando esa materia dispersa se ordena y se convierte en palabra con intención, con estructura y con mirada propia. Es importante saber que analfabeto informático o analfabeto digital es una expresión válida y bastante usada, aunque puede sonar un poco dura, como si llevara toga de juez y martillo en la mano, pero lamentablemente este mundo se mueve hacia lo digital con pasos agigantados. ¿Quién no ha tenido ese sentimiento al ver a un hijo o nieto con una moderna consola PS5? La inteligencia artificial, en mi caso, es apenas una herramienta auxiliar: un apoyo que acerca referencias o sugiere caminos, pero que no sustituye la conciencia crítica ni el estilo personal. No siempre responde a lo que verdaderamente busco ni refleja mi manera de pensar o sentir; por eso la uso como apoyo, no como origen. Que otros inserten en mis comentarios aquello que no les agrada es asunto suyo, no mío. Me tiene sin cuidado lo que hagan o dejen de hacer con esas palabras. Cada quien tiene su derecho de admisión. En cuanto a la poesía musicalizada por IA, no la siento auténtica; prefiero una música de fondo y la voz humana declamando, con su respiración real y su temblor irrepetible. Y claro, siempre es bueno saber que hay quienes crean poemas musicalizados con IA muy bellos y los suben a canales monetizados. Cada visita es ganancia. Esto pueden investigarlo si quieren. ¿cómo Uds. Creen que un artista gana miles de dólares subiendo sus canciones a YouTube? Marketing digital. La avenida es ancha: cada quien escoge su orilla.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 32
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Lualpri, Ricardo Castillo., alicia perez hernandez, AZULNOCHE, El Hombre de la Rosa, Nelaery, Antonio Pais, Rafael Escobar, LOURDES TARRATS, Javier Julián Enríquez, Sergio Alejandro Cortéz
- En colecciones: ARTÍCULOS.

Offline)
Comentarios8
Estimado amigo Justo...
En lo personal, creo que a estas alturas de la vida es un tema muy complejo de tratar y más aún de solucionar.
Gracias como siempre por tus valiosos aportes.
Que tengas un muy buen día y finde.
Abrazo.
Buenos días Luis, a estas alturas el tema es más que problemático en muchos países. Quizá nosotros no le demos la importancia que tiene porque no tenemos hijos adolescentes, pero es innegable que es una epidemia a nivel mundial.
Gracias y que pases un buen sábado.
Saludos
Así es!
Un abrazo.
Ya a finales del año pasado Australia prohibió el uso de las RRSS a los menores de 16 años, para intentar recuperar el daño causado a una generación adicta a internet.
Es evidente, salta a la vista, el enganche que genera no sólo a los jóvenes a todos en general.
Aquí ya hay desde hace años centros especializados en ayuda a la adicción de móviles y redes.
En España la semana pasada también se habló de la restricción a los menores de l6 años.
Y Finlandia está mirándo a España para hacer lo mismo.
Resulta paradógico que los que las crearon no dejen a sus hijos utilizarlas hasta esa edad, y en sus colegios ni haya móviles, ni ordenadores, ni redes.
Se le dé valor a aprender, pensar, sin máquinas alrededor.
Eso lo quieren para los demás...
Porqué será...? No hay que ser muy inteligente para darse cuenta del negocio que tienen entre manos y lo perjudicial y adictivo que es para sobre todo los niños y los jóvenes, que están en proceso de crecimiento.
Un saludo afectuoso.
Hola, buenos días.
Efectivamente, apuntas bien, Australia aprobó una ley en ese sentido y entró en vigor el 10 de diciembre de 2025. También investigué lo de España y otros países y por ser un tema de indiscutida actualidad fue que tuve la osadía de subirlo a esta red.
Muchos quizá no se hayan dado cuenta o no saben lo que es un "scroll infinito", pero aquí hay un claro ejemplo. Cuando tu miras un poema y bajas la página, ella te seguirá poniendo otro y otro de acuerdo a tus gustos y preferencias. Ahora, aquí hay un mínimo de usuarios menores por lo que no es tan comprometedor, pero en otro contexto si lo sería.
Me complace leer tu comentario.
Saludos
Genial y hermoso tu preciado versar sobre la intosicacción maligna de la juventud en las redes socialesde estimado poeta y amigo Panameño Justo Aldú
Rwecibe un abrazo de Críspulo desde España
El Hombre den la Rosa
De nada Críspulo. Nosotros los que crecimos sin esas influencias, ahora vemos los toros desde la barrera.
Saludos
Es muy difïcil prohibir el acceso s menores de 16 años a Internet.
Sin embargo, creo que es necesario un control , pues aunque intelectualmente puedan superar a muchos adultos, no tienen la suficiente exoeriencia como para tratar ciertos contenidos , lo cual,
los hace vulnerables.
Mi opinión es que puedan tener acceso con la supervisión de adultos.
En cuanto a la IA, tiene aplicaciones interesantes, pero puede resultar engañosa si no somos conscientes de lo que puede suponer.
A veces, nos muestran imágenes falsas que afectan a la credibilidad de personas y esto puede volverse en nuestra contra, si no diferenciamos lo real de lo creado artificialmente.
Todavía no está totalmente desarrollada y nos podemos dar cuenta de que no es real.
Pero, cuando lo esté, creará muchos problemas si no tenemos la capacidad de discernir lo verdadero de lo que no es.
Muchas gracias por esta reflexión, Justo.
Saludos.
No, muchas gracias a ti por emitir tu opinión. Me parece muy centrada y valiosa.
Vaya un saludo hasta Bilbao si aún estas ahí.
JUSTO
Si, aquí sigo, en Bilbao.
Aunque, es verdad que también voy mucho a otro pueblo.
Saludos, Justo.
Querido amigo:
El artículo de hoy me ha parecido de un interés enorme, y la forma en que lo presentas me ha fascinado. Has tomado un acontecimiento jurídico, casi burocrático, y lo has transformado en una pregunta moral sobre ese mundo invisible en el que hoy crecen los adolescentes. No hablas solo de Google, de Meta o de algoritmos: hablas de responsabilidad. No condenas sin matices, pero tampoco absuelves por costumbre. Tu escritura avanza por esa línea fina donde todavía se respira pensamiento propio, donde no se hace un juicio sino nos invita a la reflexión.También aciertas al exponer la tensión central: si el beneficio depende de prolongar la permanencia, ¿puede el sistema desear realmente que esa permanencia disminuya? Esa pregunta es el núcleo del texto. Coloca el foco donde duele: en la coherencia entre diseño y rentabilidad.Tu reflexión sobre los adolescentes es clara y honesta. No los retratas como víctimas pasivas ni como culpables irresponsables, sino como sujetos en formación, aún sin las herramientas completas para resistir arquitecturas diseñadas por equipos de psicólogos, ingenieros y economistas. En suma, has escrito un texto que apoyo, porque no busca prohibir por impulso ni absolver por comodidad. Propone responsabilidad donde hay diseño intencional y, en tiempos de simplificaciones, eso es un acto de rigor y también de sensibilidad.Gracias no solo por analizar algoritmos, sino por hacernos reflexionar sobre quién escribe el guion emocional de nuestra época. Gracias por compartir. Feliz día. Un abrazo
Por supuesto amiga. Yo veía a mi nieto en una edad adolescente pasar horas frente a la consola de PS5, absorto, luego en redes, donde hay de todo, desde malos consejos hasta porno. Me molestaba que mi hija mayor, su madre no le llamara la atención y tampoco su padre, siendo ambos profesionales conocedores del perjuicio de la adicción a redes y los beneficios de leer un buen libro o compartir con sus semejantes y familia. Luego leí sobre las demandas y me adentré en el tema.
Te agradezco mucho tu opinión y deseo lo mejor para este día.
Saludos
«sobre todo, responsabilidad empresarial cuando el diseño favorezca daños previsibles.»
Cuando se trata de sacar un beneficio económico, muchas veces y como por magia, la responsabilidad desaparece.
No se puede contar con esta responsabilidad, por eso estoy a favor de la prohibición, nuestros hijos deben ser protegidos. La prohibición "ayudará" también a los padres que no son conscientes de los daños sufridos o que, tampoco, son responsables.
Es un tema muy amplio, y habría muchísimo que decir,. Es un tema político, ético, psicológico, de educación, etc.
Personalmente, como madre, traté de educar a mis hijos para que tengan un espíritu crítico lo más desarrollado posible, para que sean lo más conscientes y entonces lo más libres posible. Los padres también tienen mucha responsabilidad.
Tu artículo es muy interesante porque estimula la reflexión.
Gracias.
Maríe Paule
Es un buen punto y se respeta tu opinión ya que la precede la experiencia y la vivencia en cuanto a muchos detalles que seguramente tu ves y otros no.
Es un tema muy amplio y traté de darle un poco de equilibrio para dejarlo a la opinión del público.
Muchas gracias por leer y comentar Marie Paule.
Saludos
Justo, hermano, coincido plenamente contigo. Lo que planteas sobre el diseño digital y su impacto en menores de dieciséis años no es una exageración: es una realidad que ya estamos viendo en casa, en las escuelas y en la salud emocional de los jóvenes. Me parece muy acertado cómo señalas que el problema no es solo el contenido, sino la arquitectura misma de estas plataformas, pensada para retener y moldear conductas.
Lo que más me resuena es esa tensión entre negocio y bienestar. Cuando la permanencia del usuario se convierte en moneda, es difícil imaginar que las empresas vayan a priorizar límites saludables por iniciativa propia. Y si para un adulto ya es complicado resistir ciertos mecanismos, para un menor —que todavía está formando criterio, identidad y autocontrol— la desventaja es evidente.
También comparto tu postura equilibrada: ni prohibición total ni laissez-faire. La regulación seria, la transparencia y la educación digital son indispensables. No podemos pedirle a un adolescente que enfrente solo un sistema diseñado para ser irresistible.
Y, además, creo que hay algo que solemos pasar por alto: los niños necesitan otros espacios de pertenencia y de juego que no dependan de una pantalla. Deportes, actividades al aire libre, responsabilidades en la comunidad, vínculos reales con otros niños y adultos. No como castigo ni sustituto, sino como parte de una vida más amplia, donde la identidad no se construya únicamente frente a un algoritmo. Cuando esos espacios existen, la pantalla deja de ser el único refugio.
Tu reflexión abre una pregunta que me parece esencial: ¿qué tipo de entorno queremos para quienes están aprendiendo a mirarse y a entenderse? Porque, como dices, ese entorno tiene autores, y por lo tanto también responsabilidades.
Gracias por poner el tema con tanta claridad. Se necesita esta conversación.
Te envío un abrazo con dialogo de poema.
—LOURDES
Poetas somos…
Querida Lourdes,
gracias por tu mirada tan lúcida y generosa. Has ampliado el horizonte de la reflexión con algo esencial: no se trata solo de limitar pantallas, sino de ofrecer mundo. Y eso, a veces, lo olvidamos. Cuando leía las bases de la demanda en EEUU o el argumento, no el texto oficial, sino la transcripción de los diarios, etc, pensé mucho en eso y lo comparé con la realidad panameña y de nuestros paises acá en latinoamérica.
Sabes, quizá no lo mencioné de forma explícita, pero es profundamente cierto lo que señalas: el niño y el adolescente necesitan otros territorios para crecer con equilibrio. El primer deber de un niño es ser niño —explorar, jugar, equivocarse en la tierra real, no únicamente en la virtual. Sin esos espacios de pertenencia viva, la pantalla deja de ser herramienta y se convierte en refugio único.
Tu observación sobre la arquitectura de estas plataformas y la tensión entre negocio y bienestar toca el núcleo del asunto. No podemos pedirle a quien apenas está construyendo su identidad que compita, en soledad, contra sistemas diseñados para capturar su atención. Ahí la responsabilidad es colectiva.
Gracias por poner contexto, profundidad y humanidad a la conversación. Cuando el diálogo se da así, ya estamos construyendo el entorno que deseamos.
Recibe mi abrazo agradecido, con ese mismo diálogo de poema que tan bellamente nombras.
POETAS SOMOS....
Justo, amigo de letras,
Me alegra que mi mirada haya sumado a tu reflexión, porque al final hablamos de lo mismo: de cuidar los territorios donde un niño puede ser niño y donde un adolescente puede crecer sin quedar atrapado en un diseño que no fue hecho para su bienestar.
Gracias querido amigo.
Te envío un abrazo envuelto en paciencia, porque:
Poetas somos...y cómplices también.
En España van a prohibir las redes a menores de 16 años, y me parece bien que se les controle, pero el tema económico es que las grandes tecnológicas de EEUU se tiran de los pelos y nos han puesto verdes pensando en los miles de millones de euros que van a perder. El dinero, siempre.
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