CLAUSURAS
Hay clausuras que no se firman,
pero pesan más que cualquier documento.
La clausura de un contrato
no es solo tinta secándose en un papel,
es la confianza que se rompe en silencio,
es el apretón de manos
que ya no vuelve a repetirse.
La clausura de un matrimonio
no empieza el día que se firma,
empieza cuando las miradas
dejan de encontrarse en la mesa,
cuando el “nosotros”
se convierte en dos caminos
que ya no saben andar juntos.
La clausura del primer amor
es distinta.
No hace ruido.
Se va quedando en canciones viejas,
en una esquina del barrio,
en un mensaje que nunca se envió.
Es la más inocente
y la que más duele recordar.
La clausura del colegio
huele a uniforme guardado,
a cuadernos con hojas dobladas,
a promesas de “siempre amigos”
que el tiempo pone a prueba.
Es la primera vez
que entendemos que crecer
también es despedirse.
Y la clausura de PRONOEI…
apenas recuerdo el olor a campo rural,
la tierra húmeda en ojotas pequeñas,
las risas libres sin reloj,
la voz dulce enseñando vocales
bajo un techo sencillo.
No sabíamos que algún día
eso también sería recuerdo.
La vida está hecha de clausuras.
Algunas duelen,
otras enseñan,
todas nos cambian.
Porque cada cierre
es una puerta que se apaga,
pero también una ventana
que empieza a abrirse sin que lo notemos.
© Corazón Bardo
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Autor:
CORAZÓN BARDO (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 23:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
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