Recientemente le escribí a mi padre estas líneas:
A casi seis meses de que te fuiste, Jefe.
Y aquí estamos, padre, aprendiendo a lidiar con tu ausencia física. Tu partida ha forjado una grieta que se ha instalado muy dentro de nosotros.
El morral está lleno de memoria, también de tus enseñanzas, y ahí hemos de encontrar un antídoto para la incertidumbre y algún hilo para suturar nuestra herida.
Aquí, las nubes de este cielo, no dejan de preguntar por ti. En sus formas caprichosas intentan darte forma, pero no les alcanza.
Y en la delgada membrana del recuerdo, intentamos no romper contacto con tus alas. Desde siempre hemos sido aves que, tarde o temprano, emprenden vuelo para reinventarse en el viento.
Hay pasos tuyos sembrados en el patio, en las calles,
por todas partes. No te olvidamos.
Si el cielo existe y ahora es tu morada,
teje con tu altura un puente. Nosotros, desde esta orilla, seguiremos levantando columnas con la sabiduría que nos diste.
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Autor:
Astronauta (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 22:18
- Categoría: Carta
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