José de Jesús Camacho Medina

Las nubes de este cielo no dejan de preguntar por tí

Recientemente le escribí a mi padre estas líneas:

A casi seis meses de que te fuiste, Jefe.

Y aquí estamos, padre, aprendiendo a lidiar con tu ausencia física. Tu partida ha forjado una grieta que se ha instalado muy dentro de nosotros.

El morral está lleno de memoria, también de tus enseñanzas, y ahí hemos de encontrar un antídoto para la incertidumbre y algún hilo para suturar nuestra herida.

Aquí, las nubes de este cielo, no dejan de preguntar por ti. En sus formas caprichosas intentan darte forma, pero no les alcanza.

Y en la delgada membrana del recuerdo, intentamos no romper contacto con tus alas. Desde siempre hemos sido aves que, tarde o temprano, emprenden vuelo para reinventarse en el viento.

Hay pasos tuyos sembrados en el patio, en las calles, 
por todas partes. No te olvidamos.

Si el cielo existe y ahora es tu morada,
teje con tu altura un puente. Nosotros, desde esta orilla, seguiremos levantando columnas con la sabiduría que nos diste.