En esas rabietas tuyas,
he visto que tu mirada —breve y honda—
labra mi cuerpo,
como lluvia que despierta la tierra,
como rocío que acaricia el surco.
Somos tierra y raíz,
Cuando, en el idilio de la noche,
te siento en mi regazo,
anidándote como un secreto,
para que el universo aplauda
la batalla de dos cuerpos.
Y después,
amarnos:
sembrar constelaciones en la piel,
dejar semillas errantes
en la espesura fértil de los sueños.
Déjate amar así,
y no apagues el bullicio de mis caricias,
que en tu piel encuentran morada,
y en tus brazos descubren
la patria más dulce:
esa donde el amor es un mito
que se vuelve verdad
al pronunciar tu nombre.
¿Sabes?
aún somos estrellas marinas,
cómplices del vaivén eterno,
navegando un océano
de sueños encendidos.
-
Autor:
Roger (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 11:44
- Categoría: Amor
- Lecturas: 34
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, El desalmado, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., Nelaery, Violeta, MISHA lg, Mª Pilar Luna Calvo

Offline)
Comentarios3
Hermoso tu genial versar estimado poeta y amigo Roger Medina
Saludos de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
Estimado Críspulo, caballero de la flor y la palabra:
Qué honor recibir tu saludo desde esas tierras españolas que tanto han dado a nuestra lengua. Me llega tu mensaje como una brisa fresca que cruza el Atlántico, cargada con el aroma de esa rosa que custodias y que es, en el fondo, el símbolo de la belleza que todos los poetas intentamos salvar del tiempo.
Gracias por llamar "genial" a este humilde versar; viniendo de alguien que sabe apreciar la delicadeza de los pétalos y la firmeza de las espinas, lo recibo como una condecoración al alma. Aquí, entre mis versos y mis silencios, siempre habrá un lugar para los amigos que, como tú, saben que una rosa no es solo una flor, sino una forma de mirar el mundo.
Te envío un abrazo fraterno, de poeta a poeta, de hombre a hombre, saltando por encima del mapa para estrechar tu mano. Que esa rosa nunca deje de inspirarte.
Con gratitud y admiración,
Roger Medina
Roger, amigo,
Tu poema me tocó de una manera muy humana. Hay en él una ternura encendida, una forma de nombrar el cuerpo y el amor que no cae en lo obvio, sino que se eleva hacia algo más grande: una intimidad que se vuelve paisaje, cosmos, respiración compartida. Sentí en tus versos un pulso cálido, casi sagrado, donde la caricia se transforma en raíz, en constelación, en patria. Esa mezcla de cercanía y grandeza —de piel y universo— crea un tono profundamente humano, como si el amor fuera un territorio que se habita con asombro. Me quedó la sensación de un vaivén suave, de dos seres que se reconocen en la noche y siguen navegando juntos, cómplices, en un océano de luz.
Gracias por compartir.
Quedo agradecida.
-LOURDES
Poetas somos...
Tus palabras me han llegado como ese "océano de luz" del que hablas, bañando mis versos con una claridad que me conmueve. Me honra profundamente que hayas sentido ese pulso cálido; a veces, uno escribe para no sentirse solo en la intemperie, y encontrar a alguien que reconoce la caricia como una raíz y el amor como una patria, es encontrar un hogar en la mirada del otro.
Tienes razón: hay en el encuentro de dos seres una grandeza que nos desborda. Yo también creo que el cuerpo es un cosmos pequeño, y que amarse es, en definitiva, aprender a leer las constelaciones en la piel del ser amado. Sigamos navegando, que mientras haya quien lea con el alma, nunca habrá naufragio definitivo.
Con profunda gratitud y afecto,
Roger
Sigamos navegando, que mientras haya quien lea con el alma, nunca habrá naufragio definitivo...
Poetas somos...
bellas letras de amor poeta
gracias por compartir
¿Sabes?
aún somos estrellas marinas,
cómplices del vaivén eterno,
navegando un océano
de sueños encendidos.
besos besos
MISHA
lg
Querida Misha, cómplice de mareas:
Qué imagen me has regalado. Me gusta sabernos así, como estrellas marinas: criaturas de luz que no le temen a la profundidad del océano porque llevan el cielo dibujado en la piel.
Entiendes bien, todavía somos ese vaivén, ese pulso que no se cansa de buscar la orilla. Si el mundo es un océano de dudas, nosotros somos los navegantes que lo incendian con sueños encendidos, para que nadie se pierda en la oscuridad. Gracias por reconocerte en mi navegación y por dejar que tus besos lleguen como espuma fresca a mis letras.
Sigamos siendo náufragos felices de este amor que nos vuelve infinitos, mientras el tiempo, ese viejo lobo de mar, nos mira pasar con asombro.
Te devuelvo el abrazo, multiplicado por el eco del viento.
Con afecto y luz,
Roger
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