Del Eco hasta el Latido

Marcos Reyes Fuentes

No es la memoria culpa de lo ido,
ni el alma debe al tiempo servidumbre
es sólo la razón, que por costumbre
habita lo que no es y nunca ha sido.
 
Mas no es el sueño un yugo maldecido
ni es la nostalgia simple podredumbre;
la mente es ancha y honda como cumbre,
y en ella cabe un mundo no nacido.
 
El arte está en pasar y no en quedarse,
en ver la vida alterna como espejo
que muestra, lo que es por lo que pudo.
 
en distinguir el aire del ahogarse,
y en entender que el único consejo
es regresar del eco hasta el latido.
 
Por ello:
 
No busques fuerzas en armas o armaduras
ni en la coraza el ánimo confíes;
que el fuerte al fin se quiebra si sonries,
mas la raíz se afianza en la hendidura.
 
Madurar es volver a la llanura
después de pernoctar en zonas frías
es habitar las propias galerías
sin confundir la luz con la blancura.
 
El mundo real no es recio ni es perfecto
tiene goteras, tiene grietas, tiene
el peso exacto de lo que está vivo.
 
Pero te espera. Siempre. En lo secreto
de un té caliente, de una mano que retiene,
de este presente corto y tal vez definitivo.
  • Autor: Marcos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de febrero de 2026 a las 10:58
  • Comentario del autor sobre el poema: La sobremesa , fue frutífera . He pasado mucho tiempo , pensando en “lo que pudo haber sido y no fue”, en ese” futurible” que no existe, pero que me hubiera gustado o me gustaría. Por conversaciones que he tenido con amigos, sé que no soy el único, pero en esta manía que tengo de querer ir más allá. Pensé en todo esto que hoy les comparto. Prometí resumirlo, pero al final lo amplíe; es que no podía dejar algunos detalles d lado, que según yo, merecen mucha atención y aquí los presento como conclusiones, las mismas que también me motivaron a hacer dos sonetitos. Les decía: Es admirable esa capacidad de nuestra mente para crear realidades alternativas esos ¨”futuribles” como los llamo. Pero esto también es un arma de doble filo. Es una herramienta evolutiva increíble para aprender, planificar y evitar errores futuros, pero su precio es la capacidad de generarnos un sufrimiento muy real por cosas que solo existen en nuestra imaginación. Estos Futuribles nos enfrentan a una versión idealizada de nosotros mismos y de nuestras decisiones. Esa "vida que nos prometimos" suele ser una película en nuestra cabeza donde todo sale bien, donde somos valientes, decididos y afortunados. Al comparar nuestra realidad (con sus imperfecciones, fracasos y matices grises) con esa fantasía (brillante, redonda y perfecta), la realidad siempre, siempre, perderá. No es que la realidad sea horrible, es que la estamos midiendo con una vara que no existe, que nunca existió. Y entonces llega ese martillo en la cabeza que reza su letanía “si hubieras actuado, si hubieras.... El “hubiera” es el veneno. La mente puede encerrarse en un bucle donde reconstruye una y otra vez el pasado, cambiando una pequeña variable, esperando un resultado diferente. Es como un simulador que ejecuta el mismo escenario mil veces para ver si al final duele menos. Pero no funciona. El pasado es un dato fijo; la única versión de esa historia que duele es la que nos contamos a nosotros mismos. Y a veces nos inundamos de arrepentimiento y de nostalgia con ese mirar hacia atrás y entonces también surge la ansiedad, que no es más que la proyección de esos contrafácticos hacia el futuro. ¿Y si pasa esto?, ¿Y si me equivoco?. Estamos constantemente ensayando futuros, tratando de predecir y controlar lo incontrolable. El problema es que a menudo confundimos el ensayo con la realidad y empezamos a sufrir por problemas que aún no han ocurrido y que tal vez nunca ocurran. Y sin darnos cuenta nuestra mente se vuelve más experta en habitar mundos posibles que en experimentar el mundo real, nuestra propia vida empieza a sabernos a poco. El presente se convierte en una mera antesala de un futuro temido o en un pálido reflejo de un pasado soñado. Dejamos de ver lo que tenemos porque estamos demasiado ocupados llorando por lo que no tuvimos o temiendo lo que podríamos perder; y vivir así, es pagar un precio brutal, por nada. Aparentemente estamos perdidos. Y qué se puede hacer?.. quizás el camino no sea intentar eliminar esa capacidad (es imposible, es parte de nuestra inteligencia), quizá el camino sea aprender a gestionar al contrafáctico, al futurible, a esta realidad que sentimos potencial, pero que no es una realidad como tal porque nunca existió; y entonces podemos aprovecharlo con madurez; Usarlo como brújula, no como juez. Es muy bueno preguntarse, qué podría haber hecho diferente? y entonces sirve si la respuesta se usa para aprender algo aplicable ahora o en el futuro, pero si solo sirve para castigarnos, es ruido y la debemos aprender a desechar. Distinguir la fantasía del recuerdo esa es la clave: La “vida que nos prometemos” es una fantasía. La vida real, con sus limitaciones, es el único lugar donde realmente podemos existir y encontrar momentos de paz, belleza o conexión; con lo cual,· Aterrizar en el presente es fundamental. Sobre todo cuando notemos que la mente está en ese bucle. Debemos entonces preguntarnos: En este momento exacto, ¿estoy a salvo, Qué está pasando ahora mismo?". El cuerpo siempre está en el presente, es la mente la que viaja en el tiempo. Esa dualidad tan humana. No es señal de debilidad. Sentir nostalgia, ansiedad o arrepentimiento, es la señal de que poseemos una mente lo suficientemente compleja como para imaginar mundos. El reto está en no dejar que esos mundos imaginarios nos impidan habitar nuestro propio mundo, disfrutar nuestro propio momento, con sus éxitos y con sus fracasos, con su arcoíris y sus zonas grises.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1
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