No fuimos solo dos: nos observaba,
la pasión se volvió casi consciente;
la silla supo más que nuestra mente
mientras el mundo entero nos miraba.
La gente sin piedad nos contemplaba,
cedimos al deber, cobardemente;
no siempre se combate abiertamente
cuando el amor desnudo nos gritaba.
El fin llegó, y el pecho aún latía,
pudo más el exceso de testigos
que sostener la fe con valentía.
Se nos murió el amor por dar abrigo
a voces que pedían compañía,
y al final quedó el ruido por testigo.
Jesús Armando Contreras.
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Autor:
J. del Umbral. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 25 de febrero de 2026 a las 12:59
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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