No es una derrota,
ni siquiera un contratiempo.
Es, sencillamente, que el cuerpo se hace lento
para que el pensamiento pueda llegar a tiempo
a los lugares donde antes solo iba el impulso.
Se han ido perdiendo los grandes adjetivos,
esas palabras altas que tronaban en el pecho.
Ahora prefiero los nombres de las cosas:
madera, pan, ventana,
el frío exacto que precede a la lluvia.
La memoria es hoy un cuarto con poca luz
donde los objetos han cambiado de sitio.
A veces busco un dato, un rostro, una fecha,
y encuentro, en su lugar,
el tacto de una mano que no olvido
o el rastro de un error que me hizo libre.
Dicen que el tiempo borra.
Yo digo que el tiempo esculpe:
quita lo que sobraba, el ruido, la apariencia,
y deja esta estructura necesaria,
este hueso final que aún sostiene el deseo.
Porque a pesar de las arrugas
esos renglones donde el destino escribe su desidia
y de este cansancio que se sienta a mi mesa,
todavía guardo un resto de luz contra el olvido.
Es un vitalismo sin prisas,
una apuesta por lo poco que queda,
que es mucho,
si se mira de frente:
quererte todavía con esta paz antigua,
y esperar el mañana
como quien espera un tren que no tiene horarios,
pero que llegará, sin duda,
a una estación donde aún se puede estar vivo.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de febrero de 2026 a las 12:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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