José Luis Barrientos León

Inventario de restos

 

No es una derrota,

ni siquiera un contratiempo.

Es, sencillamente, que el cuerpo se hace lento

para que el pensamiento pueda llegar a tiempo

a los lugares donde antes solo iba el impulso.

 

Se han ido perdiendo los grandes adjetivos,

esas palabras altas que tronaban en el pecho.

Ahora prefiero los nombres de las cosas:

madera, pan, ventana,

el frío exacto que precede a la lluvia.

 

La memoria es hoy un cuarto con poca luz

donde los objetos han cambiado de sitio.

A veces busco un dato, un rostro, una fecha,

y encuentro, en su lugar,

el tacto de una mano que no olvido

o el rastro de un error que me hizo libre.

 

Dicen que el tiempo borra.

Yo digo que el tiempo esculpe:

quita lo que sobraba, el ruido, la apariencia,

y deja esta estructura necesaria,

este hueso final que aún sostiene el deseo.

 

Porque a pesar de las arrugas

esos renglones donde el destino escribe su desidia

y de este cansancio que se sienta a mi mesa,

todavía guardo un resto de luz contra el olvido.

 

Es un vitalismo sin prisas,

una apuesta por lo poco que queda,

que es mucho,

si se mira de frente:

quererte todavía con esta paz antigua,

y esperar el mañana

como quien espera un tren que no tiene horarios,

pero que llegará, sin duda,

a una estación donde aún se puede estar vivo.