El Oficio de Amarte

marco romero

Me has dejado los huesos llenos de ecos,

 

como si tu voz fuera el único sonido que atraviesa la tormenta.

 

Y te quiero así, empapada y eterna:

 

con tus manos de gente y tu boca de fruta silvestre.

 

Tu labios son un arco curvo de astros, una trampa tibia,

 

el refugio donde se esconden los pájaros cuando el cielo se cae a pedazos,

 

y el único lugar donde todavía brilla el sol.

 

Bailamos descalzos, donde el muelle se rinde ante el cielo,

 

y el aire se vuelve pesado con el aroma de la lluvia y la sal.

 

Mírame cariño, que yo no solo te hablo:

 

te sangro en oleajes y te florezco en el aguacero.

 

Como los amantes a los que el cuerpo les queda estrecho,

 

mientras el alma se nos despeña por los ojos

 

y nos quedamos aquí, tirados como dos trapos limpios,

 

vaciándonos el uno en el otro hasta que no queda nada.

 

Porque amarte es este oficio de morirse a pausas,

 

un hambre de morderte la sombra y de encontrarte el tuétano.

 

No me digas nada. Déjame que te siga doliendo,

 

que para eso nos inventamos este fuego:

 

para quemar el tiempo y que solo nos quede, al final,

 

esta humilde y furiosa manera de estar vivos.

 

 

— m.c.d.r

  • Autor: m.c.d.r (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 24 de febrero de 2026 a las 02:20
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1
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